Telefonía móvil

¿SON  DAÑINAS  LAS  RADIACIONES  DE 

TELEFONÍA  MÓVIL?

 

         Nuestro organismo trabaja con electricidad usando microondas de intensidad de 0,000.000.1 microvatios/centímetro cuadrado y vivimos en un planeta donde la intensidad de las microondas varía de 0,000.000.5 a 0,000.01 microvatios/centímetro cuadrado lo cual supone de 5 a 100 veces mayor pero esto no es problema para que funcione correctamente.

         La telefonía sin hilos usa microondas cuya intensidad es mucho mayor. El científico más “moderado” es el Dr. Neil Cherry que recomienda como objetivo para el año 2010 una intensidad de 0,01 microvatios/centímetro cuadrado lo cual supone 100.000 veces mayor que la que usa nuestro organismo y el Dr. Repacholi de la ICNIRP de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el consejo de la Unión Europea proponen una intensidad de 450 microvatios/centímetro cuadrado para 900 Mhz y de 900 microvatios/centímetro cuadrado para 1.800 Mhz lo cual supone 4.500 millones y 9.000 millones de veces mayor que la intensidad de las microondas con las que trabaja nuestro organismo y estas intensidades tan enormes son las aceptadas por España entre otros muchos países.

         Nuestro organismo funciona con electricidad usando campos de microondas de muy pequeña intensidad y someterlo de forma continua a campos de microondas que son millones de veces superiores al suyo, puede alterar su normal funcionamiento, y esto no es mera hipótesis sino una realidad que ha sido constatada por numerosos investigadores que han observado rotura de moléculas de ADN (Dr. Henry Lai), alteración o inhibición de procesos bioeléctricos del cerebro (Bert Sakmann y Edwin Neher, Premios Nobel de Medicina en 1992), alteración de la frecuencia del cerebro (Dr. Lebrecht von Klitzing de la Universidad de Lübeck), pérdida de memoria (Dr. Henry Lai), aumento de la permeabilidad de la membrana hematoencefálica lo cual quiere decir el paso de macromoléculas de la sangre al cerebro (Dra. Jocelyn Lleal del servicio de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid) y como en las enfermedades de Alzheimer y esclerosis múltiple existen proteínas en el cerebro, se sospecha que las microondas originen o agraven estas enfermedades. En 1976 Baranski observó alteraciones del aprendizaje de ratones con intensidades de 0,2 microondas. En 1997 J. Nuñez, de la Rosa y R. Veen de la Facultad de Ciencias Biológicas de Valencia en ratones observaron estrés y cambio del ritelefonía móvilo cardíaco. Según el informe de NCRP de 1986 en los ratones se muestra aumento de tumores cuando se les expone a una radiación de 2,45 GHz con 0,5 microondas.

         Lo expuesto muestra que nuestro organismo es muy delicado y que no puede ser sometido a intensidades que sean miles, millones o miles de millones de veces mayores a las de su organismo sin que aparezcan trastornos, aunque esas intensidades sean propuestas por destacados e ilustres científicos, recomendadas por la ICNIRP de la OMS y por el Consejo de Europa, aceptadas por los gobiernos y declaradas como legales, tengamos en cuenta que durante muchos miles de años la humanidad vivió sin la electricidad y ésta surgió hace cosa de un siglo, y con el “progreso” el hombre se encuentra cada década sometido a una intensidad del campo electromagnético mayor, ¿qué ocurrirá a largo plazo? ¿Cómo afectas las radiaciones electromagnéticas en general y las microondas en particular de gran intensidad y pulsantes a las mujeres embarazadas y a su futuro hijo tras varias generaciones? ¿Y como le afecta al esperma del hombre? ¿Qué ocurrirá tras varias generaciones? Nada sabemos ni lo podemos saber hasta que ocurra, por lo tanto, si no queremos arriesgarnos a tal vez matar a largo plazo a la población y tal vez que desaparezca la raza humana, debemos adoptar el principio de precaución y por lo tanto admitir la recomendación del Consejo de la Unión Europea, que como ya dije, es miles de veces mayor que las de nuestro cerebro, es una temeridad, y decir que en tal sitio la intensidad es 50 o mil veces menor que la recomendada por el Consejo de la Unión Europea, podrá ser un razonamiento convincente para quien no sabe nada sobre el tema, pero por ser, como lo es, millones de veces mayor que la intensidad de nuestro organismo, es una enormidad y sus efectos a medio y largo plazo son dramáticos. Y esto tampoco es una hipótesis que ha sido constatada por científicos en estudios epidemiológicos. Por ejemplo, la intensidad de 5 microondas es 90 veces menor que la aconsejada por el Consejo de la Unión Europea pero 50.000.000 veces mayor que la que usa nuestro organismo. Con intensidades que variaron de 5 microondas a 15 los rusos sometieron durante 23 años, de 1953 a 1976, al personal de la embajada de Estados Unidos en Moscú. Con estas intensidades que están consideradas como seguras por el Consejo de la Unión Europea y por la ICNIRP, murieron de cáncer varios miembros de la embajada, incluidos los tres embajadores de ese periodo. El Departamento de Estado de los Estados Unidos solicitó que realizara un estudio al Dr. Abraham Lilienfeld, de la Universidad de Johns Hopkins de Baltimore, uno de los epidemiólogos más eminentes y competentes de su época. Este estudio tiene fecha del 31 de julio de 1978, consta de 460 páginas y en él este doctor atribuye esas muertes de cáncer a las microondas. En la página 242 declara que estas ondas producen “reducción del tiempo de vida y muerte prematura.”

         Si con intensidades que oscilan entre 5 a 15 microondas, según el Dr. Abraham Lilienfeld se produjo cáncer en el personal que normalmente trabaja 8 horas al día, ¿qué ocurrirá con el trascurso de los años usando intensidades similares que afectan a millones de personas durante las 24 horas del día y que viven en los países más “desarrollados”? Los primeros resultados dramáticos ya están empezando a aparecer:

         Cuatro cados de cáncer infantil en el colegio García Quintana de Valladolid más siete casos de cáncer, no todos son niños, entre unas 73 personas que viven cerca de las antenas y que han aparecido en menos de 2 años y a estos hay que sumar otros casos de otras viviendas próximas a esas antenas.

         Trece muertos de cáncer en Torrevieja en un radio de cien metros en un plazo de cuatro años a partir de que se montaron varias antenas de telefonía móvil.

         Cuatro muertos en Albacete atribuidos a esas antenas.

         Diez casos de cáncer en tres instituto de Ronda, Martín Rivero, Pérez Guzmán y Rodríguez Delgado en donde hay una gigantesca antena.

         En la calle Osorio de La Isleta, en Las Palmas, son numerosos los casos de enfermedades atribuidas a las radiaciones de la telefonía móvil.

         Este es sólo el principio.

         Podrá disminuirse la intensidad de microondas de las antenas de telefonía móvil, pero para que puedan funcionar necesita una intensidad mucho mayor que la que puede soportar nuestro organismo sin dañarlo con el paso de los años. Además, Adey realizó una investigación en la que sometió pollitos a la radiación de 147 Mhz y modulaciones de 6 a 20 Hz  y obtuvo una salida de calcio máxima de un 20 % con una intensidad de 0,1 a 1,0 microvatios/centímetro cuadrado y con intensidad de 0,5 a 5,0 microvatios/centímetro cuadrado la salida de calcio fue menor, o sea, con mayor intensidad, menor efecto, sorprendente. Por lo tanto, zonas más alejadas de antenas de telefonía móvil podrá tener efectos mayores, probablemente no sobre el cáncer pero sí sobre otras enfermedades.

         Con una intensidad de radiación de microondas de sólo 0,000.1 microvatios/centímetro cuadrado y a distintas frecuencias se han medido alteraciones de la permeabilidad de la membrana encefálica al flujo de los iones calcio y es que esa intensidad es baja si se compara con la recomendada como máxima por el Consejo de la Unión Europea que es de 450 microvatios/centímetro cuadrado, pues es 450.000 veces menor, pero si se compara con la intensidad con la que trabaja nuestro organismo y que es de 0,000.000.1 es 1.000 veces mayor.

         Respecto al uso de la telefonía móvil los gobiernos puede optar por una de estas tres posibilidades: 1) Aceptar las instalaciones de las empresas de telefonía móvil. 2) Limitar las aspiraciones de estas empresas para que la intensidad de la radiación no sea excesiva. 3) Prohibir la telefonía móvil. Ya que por una parte ignoramos los efectos de las radiaciones de telefonía móvil después de 50, 100 o más años y por otra parte ya se han realizado estudios, como los que ya mencioné que muestran sus efectos dañinos, la única opción prudente, y aunque ello resulte radical, es su prohibición. Esta es la única que aplica el principio de precaución. Las otras dos opciones son temerarias y ante la posibilidad de efectos adversos a largo plazo exigen a uno o varios responsables pero respecto a este tema no me he enterado de que ningún cargo público que autoriza la instalación de telefonía móvil ni ninguna empresa haya declarado que si ocurriera algo asume la responsabilidad, con lo cual aparece la paradoja de que por un lado declara que no hay de qué preocuparse y por otro lado no declaran que asumen la responsabilidad si ocurriera algo, cosa por otra parte lógica ya que mucha gente atribuyen graves enfermedades a las radiaciones de la telefonía móvil.

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