Plutarco

PLUTARCO  Y  SU  INFLUENCIA  VEGETARIANA

            Plutarco (46-120) fue biógrafo, historiador y filósofo griego. Autor de Vidas Paralelas. Además escribió una colección de 78 obras que las generaciones posteriores conocieron con el nombre de Moralia. En esta obra se encuentran títulos como La inteligencia de los animales, Las bestias son racionales, ySobre el comer carne.

            No sabemos si el vegetarianismo de Plutarco se debe a sus padres o procede de las enseñanzas pitagóricas de su maestro Ammonio, pero si sabemos que después de estudiar con él, Plutarco se convierte en el primero que se interesa en revivir la filosofía pitagórica, como lo muestran sus escritos de pitagóricos como Plotino, Porfirio, Jámblico y del emperador Juliano.

            Siglos más tarde Rousseau escribió Emile que muestra influencias del vegetarianismo de Plutarco y Shelley tradujo al inglés obras de Plutarco y es probable que influyó a que en 1811 se hiciera vegetariano.

            Y por último, veamos algo de lo que dijo Plutarco:

            “Os preguntáis cuáles fueron las razones en que Pitágoras se basó para abstenerse de comer carne. Por mi parte, me preguntaría cuál fue el accidente o estado anímico o mental  que hizo al primer hombre comerla, tocar con sus labios la sangre coagulada y llevarse a la boca una criatura muerta. ¿Quién se aventuraría a llamar alimentos a lo que poco antes vivía, se movía y chillaba? ¿Cómo pudieron sus ojos observar la matanza? ¿Cómo pudo su nariz soportar el hedor? ¿Cómo pudo la corrupción convencer a su gusto y éste pudo entrar en contacto con las heridas de otro, beber sus secreciones y la sangre que manaba por las mortales heridas.” (Sobre el comer carne).

            “Si a pesar de todo afirmáis que la naturaleza os prescribe el régimen carnívoro, entonces empezad por matar vosotros mismos lo que debéis comer, del hacha o del garrote. Sí, hacedlo como los lobos, como los leones y los tigres, que matan para ellos lo que deben comer; del mismo modo matad una vaca o una oveja, con un apretón de vuestras quijas, enterrándole vuestros dientes o cayendo sobre ellos en un sitio con vuestras manos. Y si habéis sido bastante felices para realizar todos estos detalles preliminares, sentaos a comer vuestro cadáver. Si esperáis que el animal esté privado de su vida y entonces os avergonzaría el tener que derramar su sangre, ¿por qué a despecho de la naturaleza persistís en alimentaros de lo que está dotado de vida y sentimiento? Además de esto, no podéis comer a vuestra víctima como viene de manos del carnicero: necesitáis asarla, cocerla, metamorfosearla por medio de los condimentos. Transformáis así vuestra presa y le agregáis vegetales y especies para que vuestro gusto natural se engañe y se prepare a tomar un alimento que es extraño a vuestra naturaleza.”

            “Decís que las serpientes, panteras y leones son crueles, y, sin embargo, asesináis también sin compasión; y en crueldad no dejáis atrás a las fieras: estas matan por la necesidad de alimentarse, mientras que vosotros matáis por vicio.”

            “¡Oh asesino desnaturalizado, a quien llamamos hombre, y que es cien veces más salvaje que las bestias feroces, ¿quién os obliga a derramar la sangre de infelices animales? ¿No produce la tierra suficientes granos y frutas para vuestra subsistencia? ¿Acaso no os están ayudando esos animales en vuestras labores agrícolas¿ ¿Qué más requerís de ellos? ¿Por qué asesinar fieles amigos tan innecesariamente?

            “Los hombres que han sido los primeros en comer carne, lo han hecho, seguramente por falta de otro alimento.”

            “… Pero la pesca con caña y el vaciado de redes de toda clase de peces son claramente un acto de gula hacia el pescado, son también una exasperación de las aguas del mar y un sondeo de sus profundidades sin una buena razón.  De lo cual Homero describió no sólo a los helenos por abstenerse de pescado, a pesar de que su campamento estaba situado en la costa del Helesponto, sino que tampoco puso nunca un anzuelo. Los compañeros de Odiseo, mientras navegaban en tan largo viaje por mar, nunca lanzaron un anzuelo a las aguas ni trampa para peces, ni una red, incluso cuando apenas tenían pan de cebada.

            Por lo cual no solamente entre los egipcios y los sirios, sino también entre los helenos, había un elemento de santidad en sus abstinencias por comer pescado. Con la ayuda de la justicia, creo que deberíamos rechazar con aborrecimiento el lujo despilfarrador de comer pescado.”

            “Yo por mi parte me maravillo con el tipo de sentimiento, espíritu o razón por la que el primer hombre tocó la matanza con su boca, y se llevó a los labios la carne de una animal muerto, y que habiendo puesto ante la gente platos de espantosos cadáveres y fantasmas, puede darle aquellas partes los nombres de carne y vituallas que poco tiempo antes mugían, lloraban, se movían y veían; ¿cómo su vista puede soportar la sangre de los cuerpos masacrados, degollados y descuartizados? ¿Cómo puede su olfato aguantar su olor? ¿Y cómo el mismo horrible sabor no causaba ofensa a su gusto mientras masticaba las llagas de otros y participaba de los jugos de las heridas mortales?”

            “Pero ¿de donde procede la voracidad y frenesí que os lleva en estos días felices a contaminaros con sangre cuando tenéis tal abundancia de cosas necesarias para vuestra subsistencia? ¿Por qué desmentís a la tierra como capaz de manteneros? ¿No os avergonzáis de mezclar frutos domésticos con sangre y matanza? Vosotros estáis acostumbrados a llamar criaturas salvajes a las serpientes, leopardos y leones; pero vosotros mismos estáis manchados de sangre.”

            “Nosotros no comemos leones o lobos por venganza sino que dejamos que aquellos se vayan y cogemos a los inofensivos y domésticos, aquellos que no tienen aguijones ni dientes con los que morder, y los matamos.”

            “Toda persona buena cuidará de sus caballos y de sus perros, no solo mientras son jóvenes sino igualmente cuando lleguen a viejos y no puedan trabajar.”

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