Padres de la Iglesia

EL  VEGETARIANISMO  EN  LOS  PADRES  DE  LA  IGLESIA

            Se llaman “padres de la iglesia” a los primeros cristianos (hasta el siglo VIII) que crearon la doctrina de la Iglesia católica. La mayoría fueron obispos. En sus escritos que han llegado hasta nosotros exponen su repulsión a comer carne, aunque no mencionan la palabra “vegetarianismo” ya que no existía pues esta palabra surgió con la primera asociación vegetariana del mundo y que fue creada en Manchester el 30 de septiembre de 1847.

            Veamos lo que dijeron sobre este tema:

SAN CLEMENTE  DE  ALEJANDRÍA (150-220): Escritor, doctor de la Iglesia y teólogo griego:

            “La carne como alimento es mala para el cuerpo y también para el espíritu según dijo Jesús.”

            “La salvaje y animal estirpe de gigantes que nacieron del matrimonio de los “ángeles” con mujeres humanas (cainitas), no se conformaban con una alimentación pura de vegetales sino que se hizo sanguinaria y comenzó a matar animales. De ahí que los hombres imitaran esta alimentación antinatural y comenzaran también a comer carne. Más aquellos que han preferido una vida futura y que sólo consideran como suyo lo que no es terrenal, no se alimentan sino de pan, agua y comidas frugales, como olivas y col.”

            “Los sacrificios de animales con pretexto religioso fueron inventados por los hombres como pretexto para comer carne.”

            “Nuestro alimento ha de ser sencillo y sin excitantes, tal como conviene a niños sencillos y no de gusto estragado. Aquellos que se conforman con el régimen más sobrio, son los más robustos, sanos y nobles. Porque ¿acaso no hay dentro de una  frugal sencillez una gran variedad de alimentos saludables: verduras, bulbos, raíces, aceitunas, ensaladas, frutas, cereales y otros productos? Entre los alimentos convienen dar la preferencia a aquellos que pueden comerse en estado natural, sin recurrir al fuego; éstos son los más sencillos y siempre disponibles. Aquellos que, sentados alrededor de mesas bien provistas, van dando pábulo a sus propias enfermedades, están dominados por un mal desenfrenado, que yo llamaría el demonio del vientre, demonio el más vil y el peor de todos. Más vale ser feliz en la frugalidad que consentir que un demonio se albergue en nuestro cuerpo: la verdadera felicidad sólo consiste en el ejercicio de la virtud. Por esto el apóstol Mateo vivía de granos, fruta de cáscara dura y verduras, con exclusión de carne. Y el apóstol Juan, quien practicó la templanza en el grado más elevado, nutrióse de tiernas yemas de hojas y de miel. Si un hombre justo no oprime su alma con aliemento cárneo, tiene para ello su motivo razonable. Xenócrates, en su disertación sobre el alimento natural, y Polemón, en su obra sobre La vida conforme a la Naturaleza demuestran claramente que tal alimento es malsano. Dícese que los animales han de servir al hombre; esto puede encerrar una verdad, pero no han de servirle precisamente de alimento. Hay quienes comen carne de tocino, porque, según ellos, aviva su instinto genético. Preténdese que la carne de tocino es la más a propósito para criar grasa, según esto, tal alimento resultará adecuado a aquellos cuya ambición se limita a su vientre, más en modo alguno a quienes quieran desarrollar las facultades de su alma, por la razón de que la alimentación cárnea paraliza las facultades espirituales. Los gnósticos se abstendrán de alimentos cárneos, quizás por idéntica razón, a fin de evitar que su cuerpo se incline a la concuspicencia, porque Andócides dice “Vino y manjares cruentos y condimentados crían una carne indómita y aletargan el espíritu. Por esto semejante alimento es reprobable.”” (Paidagogos II)

            QUINTO  SEPTIMIO  FLORENCIO  TERTULIANO (160-340): Escritor eclesiástico latino.

            Cuando acusaron a los cristianos de comerse a los niños crudos, Tertuliano contestó: “Vosotros bien sabéis que nosotros los cristianos, aborrecemos la sangre de los animales. ¿Por qué venir ahora a acusarnos de antropófagos?”

            Otras frases de Tertuliano son las siguientes:

            “Tu amor se inflama en las ollas;  tu fe se hace más ferviente en la cocina; toda esperanza se oculta en un plato de carne; ¿Quién te tiene en tanta estima como el frecuente invitador a cenas, como el rico anfitrión? En consecuencia, los hombres que comen carne rechazan las cosas del espíritu. Pero si tus profetas son condescendientes con tales personas, no son ellos mis profetas.”

            “Cómo podría ir a la guerra un cristiano, cómo podría llevar armas hasta en tiempos de paz, cuando no se halle expuesto a persecución? Por ventura ¿no nos ha quitado la espada el Señor? Nuestro Señor, al desarmar a Pedro, ha desarmado en él a todos los soldados. Para nosotros no existe ley alguna que pudiera dar carácter de admisibilidad a una acción absolutamente ilícita.”

            ORÍGENES (186-254): Escritor, doctor de la Iglesia y discípulo de san Clemente de Alejandría:

            “Los egipcios primitivos preferían antes morir que cometer la profanación de comer carne.”

            “Matar nos fue prohibido en toda la extensión de la palabra. Fue el hombre quien estableció grados en el delito para poder seguir haciendo la guerra y destruir animales y comerlos. Hizo un Dios a su imagen y semejanza, ávido de sangre y de olor de carne asada.”

            LACTANCIO  CAECILIUS  FIRMIANUS (250-325): Orador y escritor cristiano:

“Cuando Dios prohibió matar, no hizo excepción para los animales ni para nadie, siendo por lo tanto un crimen matar, ya sea a un hombre o a un animal.”

SAN  BASILIO  EL  GRANDE (330 ó 339 – 379): Obispo de Cesarea:

“Os exhorto a suprimir todo alimento de carne, porque destruye la vida (ajena primero, propia luego), arrastrando a la perdición (hipocresía indulgente con la sensualidad).”

“El cuero agraviado con alimentos cárneos, es infestado por enfermedades; un régimen de templanza lo hace más sano y más vigoroso, atacando el mal de raíz. Los vapores de los alimentos cárneos obstruyen la luz del espíritu, sean los manjares cárneos, que llenan el estómago, de la índole que quieran, siempre y en todos los casos generan movimientos impuros; el alma, por decirlo así, yace asfixiada bajo el peso del alimento, perdiendo su predominio y su facultad de pensar.

Diariamente permites que el vino te domine. En el Paraíso terrenal no hubo vino, ni matanza de animales, ni alimentos cárneos. El vino fue inventado sólo después dl diluvio. Cuando la virtud del género humano empezó a relajarse, quisieron los hombres darse una vida regalada. El embriaguez de los israelitas voluptuosos frustró los esfuerzos de Moisés. En tanto que viva frugalmente, la felicidad de los hogares irá en aumento: los animales se hallarán seguros en la posesión de su vida; ya no se verterá sangre alguna, ni se matará ningún animal. Holgará el cuchillo de los carniceros; la mesa estará cubierta únicamente de la fruta que brinda la naturaleza y ello bastará y dará crecida satisfacción a todos. Juan el Bautista no tuvo ni cama, ni mesa, ni patrimonio, ni ganado, ni cereales, ni panadero, ni otra necesidad alguna: por esto mereció el elogio que el Hijo de Dios le dispensó, diciendo de él que era el más grande de entre todos los hijos de los hombres.

Si sientes afición al alimento cárneo y cebas tu cuerpo, lograrás que el espíritu sea torpe y pesado; la grasa que criará la carne, debilitará las fuerzas del espíritu. ¿No desprecias esos manjares cárneos tan perniciosos? Difícilmente puede amarse la virtud si se encuentra delectación en manjares cárneos y suculentos banquetes.”

SAN  JUAN  CRISÓSTOMO  (344-407): Filósofo y orador de la Iglesia. En la Homilía 69 dice:

“Seguimos el ejemplo de los lobos y de los tigres, o más bien, somos una especie aún más cruel. La naturaleza ha dispuesto para ello la comida de la carne, pero Dios nos agració a nosotros con el discurso nacional y con el sentido para la justicia, y, sin embargo, nos hemos vuelto peores que los animales salvajes.

            Véase quién es el que está mejor alimentado: ¿el que vive del alimento vegetal, y otro que tiene comidas sibaríticas y está sobrecargado con mil males? En todo caso, el primero. Por esto, quien se contenta con pan y se conserva sano, que no desee nada más. Pero el que es más débil, y necesita además de legumbres y frutas, séanle otorgadas. Sólo hablamos ne contra de lo superfluo, y superfluo es todo aquello que no necesitamos. Desde el momento que podemos vivir sanos y decentemente sin alguna cosa, esa cosa es superflua.

“Los ascetas no conocen la carnicería; entre ellos no se ve correr la sangre de las carnes inertes, no se sienten olores desagradables… Nuestra colación de frutas y legumbres apetecería a los propios ángeles del cielo, que son dichosos al verla. Pero los hombres prefieren seguir las costumbres de los lobos y de los tigres, y se vuelven aún más feroces que ellos, pues esos animales son carnívoros por naturaleza, mientras que Dios nos ha honrado dándonos un juicio y un entendimiento racional cuyos dictados no seguimos. Danos el pan nuestro de cada día; no carnes superfluas, sino el alimento necesario que repara todo lo que cada día se pierde de la substancia de nuestro cuerpo.”

            SAN  JERÓNIMO  (347-419): Doctor de la Iglesia. Vivió muchos años con anacoreta en el desierto de Chalcis. Fue discípulo de San Gregorio Nacianzeno, y luego llegó a ser secretario del papa San Dámaso. Tradujo al latín el Nuevo Testamento. Es considerado como el fundador del monasticismo cristiano.

            San Jerónimo sostuvo una polémica con el heresiarca Joviniano que sostuvo que era indiferente comer carne o abstenerse de ella, con tal que se comiese haciendo una acción de gracias, según enseñó San Pablo. Y añadió que Dios había prohibido comer carne antes del Diluvio, pero que más tarde lo había autorizado, con lo cual corroboraba su tesis. A estos razonamientos de Joviniano, San Jerónimo respondió:

            “Así como, según la palabra del Señor, el divorcio no era lícito al principio, pero más tarde fue autorizado por Moisés, porque los hombres habían llegado a ser de corazón endurecido, así también era ilícito el uso de carne antes del Diluvio; pero después de él se nos han puesto entre los dientes los nervios y el jugo fétido de la carne, de la misma manera que fueron arrojadas codornices a los pies del pueblo murmurador en el desierto. Jesucristo, que ha venido en la plenitud de los tiempos, ha retrotraído el fin al principio, de suerte que hoy yo no nos el lícito el repudiar la mujer, ni el circuncidarnos, ni el comer carne, según el apóstol (Romanos 14,21): “Más vale que no comas carne ni bebas vino.” Porque el uso del vino ha cundido simultáneamente con el de la carne, después del Diluvio.”

            Además San Jerónimo dijo:

“No nos está permitido (a los cristianos) ni circuncidarnos, ni abandonar la esposa, ni comer carne, pues ya bien claramente lo dijo el Apóstol (Romanos 14.21: “Es mejor que no comáis carne ni bebáis vino. La costumbre de comer carne y de beber vino apareció después del diluvio.”

            SAN  AGUSTÍN (354-430): Obispo de Hipona. Teólogo de la Iglesia:

            “La carne es el alimento del perro.”

            “De la alimentación con carne dependen los demás vicios.”

SAN  BENITO  DE  NURSIA (480-543): Anacoreta italiano que fundó la orden monástica de los benedictinos:

“Será mejor que todos se abstengan de carne del modo acostumbrado.”

¿Omnívoro o vegetariano?Padres de la IglesiaVegetarianismo en China, siglo XVIPitágorasPlutarcoCentenario vegetarianoShelleyAlcottBenthamBesantBossuetGaudíGrahamMicheletPopeHenry SaltBernard ShawSchopenhauerSimón RodríguezThoreauLeón TolstoiVoltaireGreenpeace y el vegetarianismoMédicos y vegetarianismo