obispos sin piedad

OBISPOS   SIN   PIEDAD

 

(De la calle se oye una y otra vez gritos de una multitud que dice: “Obispos: si no tienen compasión cristiana, tengan vergüenza pagana”)

PRESIDENTE: ¡Ya llegaron! Ha ocurrido lo que nunca ha sucedido. Aquí, donde los obispos nos reunimos, ante la cede de la Conferencia Episcopal Española, en la calle Añastro, número 1, ACTYMA ha organizado una concentración para protestar contra nosotros porque no condenamos las corridas de toros que los animalistas llaman “de tortura”, pero ellos, salvo raras excepciones, no son católicos, no son de los nuestros, en cambio los toreros han sido y son buenos católicos, que tienen cristiana fe, van a misa, confiesan, comulgan con fervor y rezan con devoción, luego ¿cómo vamos a condenar a los toreros que son modelo de católicos y que con su arte alegran nuestras vidas?

SECRETARIO: Con lo que nos dicen pretenden darnos clase de ética. Nos acusan por no tener compasión con los animales e ignoran que la religión católica, que es la única verdadera, sostiene que Dios creó a los animales para el hombre, luego no debemos tener compasión con ellos.

(De la calle se oye una y otra vez gritos de una multitud que dice: “Obispos: si no tienen compasión cristiana, tengan vergüenza pagana”)

PRESIDENTE: ¿Has escuchado lo que nos dice? Están poniendo en mejor lugar a los paganos que a los cristianos.

SECRETARIO: Con Torquemada esto no hubiera pasado.

PRESIDENTE: Al mundo le hace falta que venga otro Torquemada.

PRESIDENTE: Históricamente han sido fraternales las relaciones entre nosotros y los toreros. Algunos curas son aficionados a los toros y es de destacar en Madrid al dominico Miguel Liquete, llamado cariñosamente “el cura torero”, hijo de carnicero, vicario de la Basílica de Atocha, y que ha casado a toreros famosos y celebrado sus funerales. En Alicante destaca Felipe Martínez que es párroco de la iglesia de la Misericordia y capellán de la plaza de toros.

SECRETARIO: Los curas aficionados a los toros, conocedores de las fraternales relaciones de la Iglesia con los toreros, a los niños y a las niñas les enseñan la doctrina cristiana y el maravilloso mundo de la lidia. De esta manera los conducimos para que el día de mañana tengan una digna profesión y formen una ejemplar familia cristiana. Sin embargo los animalistas acusan a los capellanes de las escuelas taurinas por inculcarles a los niños y a las niñas a ser crueles y por lo tanto, comunicarles unas enseñanzas opuestas a las enseñanzas de Jesús.

Tengamos en cuenta que los toreros se forma siendo niños y son excepcionales los toreros que se han formado siendo adultos y por esto …

(De la calle se oye una y otra vez gritos de una multitud que dice: “Obispos: si no tienen compasión cristiana, tengan vergüenza pagana.”)

PRESIDENTE (Interrumpiendo): Escucha esos espantosos gritos que dañan mis oídos, acusan a mi conciencia, aceleran los pulsos de mi corazón, dejan sin argumentos a mi raciocinio, me quitan el optimismo y me dicen que mi destino es el infierno.

Es una falta de respeto a la Iglesia que se manifiesten aquí y ello debería estar prohibido.

SECRETARIO: Ricardo, date cuenta que España es un país libre.

PRESIDENTE: Juan Antonio, y date tu cuenta de que como la religión católica es la única verdadera, las libertades para manifestarse en contra de ella deberían estar prohibidas.

SECRETARIO: En eso tienes razón. Contra las demás iglesias, como son falsas, no importa que se manifiesten, pero a la Iglesia Católica, por ser la única verdadera, deberían todos los gobiernos del mundo concederle un status especial, y no como un privilegio, sino como un derecho, como lo tuvo España en los añorados tiempos de Franco. Pero las democracias nos rebajan a la altura de las religiones falsas y encima los animalistas, con su exacerbado, deformado y exagerado amor a los animales, como no condenamos las corridas de toros, nos rebajan aun más y nos ponen por debajo de las religiones que si se oponen a ellas, como la ortodoxa y la budista.

PRESIDENTE: España en tiempos de Franco era una nación mucho más católica que ahora. Habían muchas vocaciones sacerdotales, los seminarios estaban llenos, reinaba la moral, la Iglesia era apreciada y sus palabras tenidas en cuenta por el gobierno. Luego vinieron la democracia y la nefasta influencia extranjera. Empezaron las extranjeras a ir a las playas en bikini y terminaron por desnudarse, y pronto las imitaron las españolas. Más tarde vinieron animalistas que sembraron la cizaña de su pensamiento y convencieron a los españoles y a españolas. Así gran parte de España se paganizó y degeneró y ahora nos encontramos con esta concentración donde nos humillan.

SECRETARIO: Ricardo, la influencia extranjera es preocupante y como anécdota te diré que el ayuntamiento de L´Alfaz del Pi organizó las Fiestas Patronales de noviembre de 1999. En la programación aparecía una corrida de toros, y Tomás Cortés, concejal de Fiestas, suprimió esa corrida para no herir la sensibilidad de los numerosos extranjeros que allí viven.

(De la calle se oye una y otra vez gritos de una multitud que dice: “Obispos: si no tienen compasión cristiana, tengan vergüenza pagana”)

PRESIDENTE: Esos gritos me irrita y de nada sirvió la entrevista que tuvistes el 14 de marzo con Julio César Santiso, que es el Secretario de Relaciones Institucionales de Los Verdes de la Comunidad de Madrid. Cierto que tu misión fue difícil. Y lo que quisiera que me explicaras es por qué le dijistes que “la Iglesia Católica nunca estuvo ni está a favor del maltrato animal”.

SECRETARIO: Porque si quiero sosegar a un hombre, debo decirle lo que le gusta oír.

PRESIDENTE: ¿Y crees que lo sosegastes?

SECRETARIO: No, pero lo intenté.

PRESIDENTE: Tus palabras, difíciles de entender y comprometidas, fueron una huída hacia adelante y las aprovechó en contra nuestra Arturo Pérez, Presidente de ACTYMA, que en internet dice que para que tu declaración sea coherente el papa debe condenar “expresa y públicamente los espectáculos de sangre, tortura y muerte de animales y se prohíba a sus fieles la asistencia a los mismos” y además les quitemos a vírgenes y santos los objetos taurinos y que desaparezcan los capellanes de las plazas de toros y de las escuelas taurinas. Espero que tus palabras no tengan trascendencia y no tengamos que responder.

SECRETARIO: ¿Pero por qué tenemos que responder? Actuaremos como siempre, es decir, cuando no queremos tratar un tema, miramos para otra parte.

PRESIDENTE: Hasta ahora, ante los problemas que no queremos afrontar, hemos mirado para otra parte y así nos ha ido bien durante siglos.

Miramos para otra parte cuando los católicos llevaron negros como esclavos de Africa a América. Hicimos compatible el catolicismo con la esclavitud y nada pasó.

Apoyamos a dictaduras como las de Franco, Pinochet y Vilela, miramos para otra parte ante sus crímenes y nada pasó.

Como recordarás, el 23 de febrero de 1981, mientras estábamos reunidos, Antonio Tejero dio el golpe militar en el Congreso y nosotros en vez de condenar enseguida el golpe y proclamar que la Iglesia defiende la libertad, discretamente disolvimos la reunión de la Conferencia Episcopal para esperar quien ganaba y entonces unirnos al vencedor. En vez de defender la Constitución el 23 de febrero, ese día miramos para otra parte y nada pasó.

Quienes rodeaban a Juan Pablo I lo mataron. Miramos para otra parte sobre este asesinato de un papa en el siglo XX, tapamos este crimen y nada pasó.

SECRETARIO: (Asombrado) Pero, ¿cómo puedes decir tal cosa?

PRESIDENTE: ¿Es que crees que soy tonto? ¿O es que crees que estando dentro de la Iglesia no me entero de lo que ocurre en ella? Libros se han escrito sobre este tema, incluso algunos por católicos. Juan Pablo I perjudicaba los intereses de la Santa Sede y por esto duró poco. Esto te lo digo a ti ahora, en privado, pero en público nunca menciono a ese papa, paso por él como si no hubiera existido.

SECRETARIO: Luego si no pasa nada por cargarse a un papa en tiempos recientes, nada va a pasar por mirar para otra parte ante las acusaciones de los animalistas.

PRESIDENTE: A los animalistas, afortunadamente, hasta ahora los hemos ignorado pero como sigan gritando, concentrándose, denunciándonos, humillándonos y burlándose de nosotros, van a terminar apareciendo en las primeras páginas de los periódicos y en los telediarios y entonces no vamos a poder mirar para otra parte y vamos a tener que dar la cara y no sé como vamos a explicar la incoherencia entre lo que dijistes y nuestra negativa a condenar las corridas de toros. Temo más a los animalistas que a los socialistas.

SECRETARIO: Pero si los animalistas no gobiernan ni tienen medios informativos propios ni poder económico, sin apoyo del Estado ni de nadie, luego tratándose de un enemigo pequeño, ¿qué daños pueden hacernos?

PRESIDENTE: Esto es lo que más me preocupa, que son pequeños y a veces los enemigos pequeños crecen ante las adversidades y agudizan el ingenio y por esto se convierten en los peores.

SECRETARIO: No te preocupes Ricardo que la Iglesia por tener dos mil años de historia y mil millones de creyentes en el mundo está consolidada y los insignificantes animalistas no la van a hacer tambalear.

PRESIDENTE: Si hacemos una comparación, la Iglesia es Goliat y los animalistas son David, más siendo Goliat un gigante y David un hombre corriente, él venció al gigante y esto es lo que me preocupa, pues si bien la Iglesia Católica tiene mucho poder económico y valiosas infraestructuras, los animalistas carecen de ello y no obstante nos pueden vencer. Luego si los hechos que has expuesto son ciertos, la conclusión de que los animalistas no nos va a hacer tambalear es cuestionable pues no es descartable que dañen nuestra reputación y así nos perjudiquen gravemente y esto es lo que me preocupa.

SECRETARIO: Creo que estás exagerando

PRESIDENTE: Podemos arremeter con fuerza contra los preservativos, contra el aborto, contra el divorcio y contra el matrimonio de homosexuales, pero ¿qué podemos decir cuando nos acusen por defender la crueldad y la tortura y no seguir el mensaje de Jesús de amor, compasión y piedad? Luego, Juan Antonio, por estos motivos, le temo más a los animalistas que a los socialistas y yo, que soy el presidente de la Conferencia Episcopal Española, ante los animalistas me tambaleo.

SECRETARIO: Ricardo, no tienes por qué. Existen numerosos motivos a favor nuestro, uno de ellos es el económico. La gente siempre ha entendido estos motivos pues el dinero todo lo justifica, como, por ejemplo, acelerar el agotamiento de las materias primas, contaminar las aguas y los alimentos, engendrar y sostener guerras en los países pobres, transformar bosques en desiertos y aumentar el cambio climático. Esto lo digo porque las corridas de toros crean puestos de trabajo y convierte al pobre en rico y por esto benefician la economía, luego por motivos económicos, que los entiende todo el mundo, está justificado torturar a los toros.

PRESIDENTE: Lamentablemente no todos entienden los motivos económicos.

SECRETARIO: (Asombrado) ¿Quiénes no?

PRESIDENTE: Los animalistas, Juan Antonio, los animalistas.

SECRETARIO: (Pensativo) Es verdad. Ellos son fanáticos defensores de los animales que no entienden estos motivos. No entienden que contribuimos a crear puestos de trabajo y a mejorar la economía. Los animalistas se oponen a la prosperidad y al progreso y como nos atacan, debemos contraatacar.

PRESIDENTE: ¿Y cómo podemos contraatacar?

SECRETARIO: Debemos enterarnos si entre los animalistas hay abortistas. Si tenemos la suerte de que existan y de encontrarlos, pasaremos al contraataque y diremos bien alto: “Mirad a los animalistas que con tanto ardor defienden a los animales y que nos critican porque no condenamos las corridas de toros mientras ellos defienden el aborto que es matar una vida humana que ya está en camino.”

PRESIDENTE: Luego ya tenemos dos motivos para contraatacarlos: económicos y el aborto si encontramos animalistas que lo defiendan.

SECRETARIO: También podemos acudir a La Biblia pues ella dice en el capítulo I del Génesis que Dios dio las plantas y los animales al hombre y por lo tanto él tiene otorgamiento divino para usarlas según crea oportuno, y de esta forma podemos justificar las corridas de toros.

(De la calle se oye una y otra vez gritos de una multitud que dice: “Obispos: si no tienen compasión cristiana, tengan vergüenza pagana”)

PRESIDENTE: Otra vez esos gritos que me ponen nervioso y desasosiega.

SECRETARIO: Y encima los animalistas también se manifiestan hoy en Roma y en Caracas.

PRESIDENTE: Están celebrando el Día Internacional Antitaurino y animalistas se han dirigido a las conferencias episcopales de varios países pidiéndoles que condenen las corridas de toros.

SECRETARIO: Debemos dirigirnos lo antes posible a ellas pidiéndoles que resistan y no contesten o que no las condenen pues en caso contrario sería muy nocivo para nosotros.

PRESIDENTE: Los animalistas nos causan problemas, trabajo, preocupaciones y disgustos. Date cuenta que han hecho lo que hasta ahora nadie ha hecho y es manifestarse en contra de nosotros y encima no han elegido concentrarse delante de una iglesia o catedral cualquiera sino en este sitio clave pues aquí es donde nos reunimos los dirigentes de la Iglesia Católica Española para tomar importantes decisiones. Esto ha empezado y no sabemos cómo va a continuar, ¿se manifestarán el próximo año? Los medios informativos hablarán de ellos y ante esta situación, la Cadena COPE y Popular Televisión, que son nuestros medios informativos, ¿qué deben hacer? ¿Deben silenciar esta concentración aunque mucho hablen los medios que no controlamos o debemos informar de algo para que nuestro silencio no sea clamoroso?

(Tocan a la puerta)

PRESIDENTE: ¡Adelante!

(Entra el portero con un sobre)

PORTERO: Monseñor, ¿se puede?

PRESIDENTE: ¿Qué te pasa que estás blanco y demacrado?

PORTERO: Monseñor, me habéis encomendado la misión más ingrata que he tenido en mi vida y por primera vez he sentido deseos de engañaos y decíos que no he encontrado octavillas pero al fin, pensando que de un modo u otro las conseguiríais, me decidí por traerlas. Me avergüenza traeos un fotomontaje y os pido un favor: que abráis el sobre después de que me haya ido.

PRESIDENTE: De acuerdo, vete tranquilo y te agradezco tu fidelidad y comportamiento ejemplar. (El portero se va y el presidente abre el sobre). Veamos lo que dice y que tanto le ha impresionado. (Furioso) ¡Mira esta octavilla! Juan Antonio, me han puesto disfrazado medio de obispo y medio de torero. ¡Se están burlando de mi! Me dan ganas de denunciar a los animalistas a los tribunales.

SECRETARIO: Sería esa denuncia un buen medio de darle publicidad a esa octavilla y un hermoso y valioso regalo que le harías a los animalistas. Por otra parte, habría que ver si esa denuncia prospera. Debes aguantarte. Sé que es molesto y desagradable y no es solo una ofensa a tu persona sino a la Iglesia católica española ya que eres su representante.

PRESIDENTE: Tienes razón, pero estoy exaltado. Juan Antonio, ¿te das cuenta que tengo motivos para temer más a los animalistas que a los socialistas?

SECRETARIO: No me esperaba esto y estoy empezando a darme cuenta de que a los animalistas debemos tomarlos en serio.

PRESIDENTE: Yo siempre fui consciente de lo peligrosos que son.

SECRETARIO: Me sorprende y no termino de entender que siendo pocos y con escasos medios puedan hacernos tanto daño.

PRESIDENTE: Te lo explicaré: del gobierno nos interesa que se oponga al divorcio, al aborto y al matrimonio de homosexuales, que sea obligatoria la asignatura de Religión y que tenga la misma categoría que cualquier otra asignatura y por supuesto nos interesa que nos dé suficiente dinero para que podamos sostener a la Iglesia. En la dialéctica con el gobierno exponemos nuestra postura y en este diálogo en unas cosas nos hacen caso y en otras no, pero comprenden nuestros argumentos y por esto nos respetan. En cambio lo único que nos interesa de los animalistas es que nos dejen tranquilos, pero ellos nos atacan y humillan pretendiendonos dar lecciones de ética y así ganan credibilidad, prestigio y popularidad a costa de que nosotros perdamos todo esto y encima ellos aumentan mientras nosotros disminuimos pues si Juan Pablo II llenó los estadios de católicos, los seminarios están cada año más vacíos y si hacemos caso a Nicolás Maquiavelo que dijo: “termina en la ruina quien permite que otro se haga fuerte”, nos encontramos en una situación no solo incómoda sino peligrosa. Pero sigamos viendo las octavillas.

PRESIDENTE (El Presidente coge otra): Aquí dice en letras grandes “Salvemos a la Iglesia, así salvaremos a miles de animales de la tortura mortal.”

SECRETARIO: ¡Pero que presuntuosos son los animalistas! Si no son católicos, no van a misa, no confiesan ni comulgan y se van a condenar, y en cambio nosotros que nos preocupamos no solo de nuestra salvación sino de salvar a la humanidad, ¿cómo es posible que pretendan darnos lecciones de salvación?

PRESIDENTE: Lo que han dicho no solo es una falta de respeto a la religión verdadera sino además una blasfemia.

SECRETARIO: ¿Por qué los animalistas no dejan de meterse contra las corridas de toros y se preocupan para salvar su alma como nos preocupamos nosotros?

PRESIDENTE: (Coge otra octavilla): Esta otra octavilla es por el estilo y dice “Campaña Permanente para la Cristianización y Humanización de la Iglesia Católica en su Trato a los Animales”.

SECRETARIO: Los animalistas persisten en darnos clases pero teniendo en cuenta que son ovejas descarriadas que no pertenecen a la religión verdadera, siento compasión de ellos.

PRESIDENTE: Jesús dijo en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” y estas palabras me sirven para perdonarlos y para no verlos como enemigos sino como gente de buena voluntad pero equivocada.

Pero  continuemos con las octavillas. Esta dice: “Cuanto sería del agrado de Dios el prohibir las fiestas de toros”. Lo dijo el arzobispo Luis Manuel de Portocarrero en un escrito a Carlos II fechado el 25 de septiembre de 1680.

SECRETARIO: Este arzobispo metió la pata, ya podía haberse quedado callado.

PRESIDENTE: Aquí aparece un artículo de la teóloga belga Marie Hendrickx, que trabaja en Roma al servicio de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la que se opone a las corridas de toros. Este artículo apareció publicado en la edición francesa de L´Observatore Romano del 16 de enero de 2001.

SECRETARIO: Tenemos que hablar con el papa para que controle lo que publica L´Observatore Romano que, como sabemos, es el diario oficioso de la Santa Sede, pues no podemos permitir que sean nuestros propios medios informativos los que luchen contra nosotros y con más razón ahora que los animalistas se concentran delante de nuestra sede y que pueden hacer mucho daño a la Iglesia.

PRESIDENTE: Como vez, hay animalistas dentro de la Iglesia y así es difícil convencer, especialmente a los católicos, que son los que más nos interesa.

Continuaré leyendo lo que dice la octavilla que tiene esta otra cita, es de Antonio Pascual que fue obispo de Vic y que dijo: “Las corridas de toros deben prohibirse totalmente, por ser contrarias a la caridad y piedad cristiana.”

SECRETARIO: Otro que metió la pata.

PRESIDENTE: Continuaré leyendo la octavilla: aquí dice: “El papa san Pío V en su bula De salute gregis dominici, publicada el 1 de noviembre de 1567, califica los espectáculos taurinos “más propios de demonios que de hombres” y prohibió  las corridas de toros excomulgando a los cristianos que participan en ellas o las consintieran.”

SECRETARIO: Este papa metió también la pata y es con mucho lo más grave de lo que has leído.

PRESIDENTE: Y ahora vienen unas declaraciones que se solidarizan con este papa, son del cardenal Gasparri que fue Secretario del Estado Vaticano y que en 1920 declaró que “la Iglesia continúa condenando en alta voz, como lo hizo la Santidad de Pío V, estos sangrientos y vergonzosos espectáculos.”

SECRETARIO: Ya veo que lamentablemente san Pío V no está solo.

PRESIDENTE: Ahora viene la declaración de otro santo.

SECRETARIO: Este es el cuento de nunca acabar en el que nos torturan la mente las autoridades eclesiásticas.

PRESIDENTE: Se trata de las desafortunadas declaraciones de santo Tomás de Villanueva que fue arzobispo de Valencia que dijo:

“¿Quien tolera esta bestial y diabólica usanza? ¿Hay mayor brutalidad que provocar a una fiera para que despedace a un hombre? ¡Oh juego cruelísimo! Os denuncio pues en nombre de Jesucristo Señor nuestro, que todos cuanto obráis y consentís, y si es vuestro, no prohibís las corridas, no sólo pecáis mortalmente, sino que sois homicidas y deudores delante de Dios en el día del juicio de tanta sangre y violentamente vertida.”

SECRETARIO: Con todo esto que han escrito autoridades relevantes de la Iglesia es difícil defender las corridas de toros. Lo único que se me ocurre decir es que en este aspecto hay distintas opiniones y que todas son respetables.

PRESIDENTE: Si respondemos eso me temo que surgirá polémica entre nosotros con el riesgo de que nos dividamos. Además los católicos no van a saber si aceptamos o condenamos las corridas de toros, por lo tanto van a quedar confusos y desorientados lo cual puede conducir a que pierdan la confianza en nosotros y la fe.

SECRETARIO: Pues entonces tendremos que pensar otra cosa, pero sigamos viendo lo que dicen las octavillas.

PRESIDENTE (Coge otra octavilla): Esta dice que monseñor Juan del Río, obispo de Jerez de la Frontera y presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social dijo que los periodistas deben hacer “desde su profesión un servicio a la verdad, a la justicia y a la paz” y añaden los animalistas que la Iglesia dice esas bellas palabras mientras a los niños y a las niñas los anima para que sean toreros y realicen un servicio de engaño al toro, de crueldad y de tortura.

SECRETARIO: Al parecer a los animalistas les molesta especialmente que los curas animen a los niños para que sean toreros.

PRESIDENTE (Sigue leyendo): Aquí dice que el pequeño Ratzinger, o sea el cardenal Antonio Cañizares, dijo que “un día nos avergonzaremos del aborto, como hoy nos avergonzamos de la esclavitud”, y añade la octavilla esta pregunta: “¿Cuándo la Iglesia se va a avergonzar de no condenar las corridas de toros?”

SECRETARIO: ¿Pero si ya las hemos condenado? Hasta los mismos animalistas lo dicen en las octavillas que reparten. ¿Es que no se han enterado de lo que dijeron san Pío V, obispos y arzobispos? ¿Qué es lo que más quieren?

(Ríen)

PRESIDENTE: Como vemos no hay mal que por bien no venga.

SECRETARIO: Si los animalistas se contentaran solo con palabras, no nos crearían problemas.

PRESIDENTE: Ellos no paran de trabajar, así por ejemplo, ¿te acuerdas cuando recibimos más de cincuenta mil postales de Anti Bullfighting Campaign International en el año 2001 solicitándonos que nos manifestáramos en contra de las corridas de toros y de otras fiestas con animales y no contestamos?

SECRETARIO: Me acuerdo perfectamente. Lo único que hicimos fue informarnos sobre si la noticia trascendía a la prensa nacional pero afortunadamente nadie se enteró, excepto algunos animalistas. Así nuestro silencio felizmente pasó desapercibido.

PRESIDENTE: Si nos mandaron más de cincuenta mil firmas muestra que trabajan y, probablemente, en unas condiciones precarias, luego no debemos desestimar sus actuaciones que aumenta. ¿Te acuerdas cuando me telefoneó preocupado el Nuncio del Vaticano en España para consultarme lo que debía hacer ante la petición de ANPRA solicitándole que condenara las corridas de toros?

SECRETARIO: Me acuerdo que lo tranquilizastes. Le dijistes que tu también habías recibido otra petición igual y que por experiencia sabías que no pasaba nada por no contestar y que eso era lo mejor.

PRESIDENTE: También Ecologistas en Acción nos pidió lo mismo.

SECRETARIO: ¿Por qué no se dedican a plantar arbolitos y nos dejan en paz?

PRESIDENTE: El mayor daño que nos hacen los animalistas es precisamente acudir a las citas de obispos y de arzobispos y peor aún, de una papa, con el agravante de ser además santo, que han tenido ridícula y exaltada sensibilidad hacia los animales. De esta manera nuestros argumentos pierden fuerza y no van a ser convincentes ni siquiera para muchos católicos.

SECRETARIO: Me preocupa que nos acusen porque protegemos la crueldad y que no tenemos ni amor ni compasión aunque sé que para los católicos bien formados está claro que el sufrimiento de los animales carece de importancia pues Dios los creó para beneficio del hombre.

PRESIDENTE: ¿Te das cuenta Juan Antonio, que los animalistas son más peligrosos que los socialistas?

SECRETARIO: Pero ese peligro en gran parte se debe a que dentro de la misma Iglesia hay animalistas y sus declaraciones nos perjudican gravemente. Respecto a lo que dije de que “la Iglesia Católica nunca estuvo ni está a favor del maltrato animal” considero que fueron desafortunadas.

PRESIDENTE: Si nos enviaron más de cincuenta mil postales y nada pasó, nada pasará por lo que digistes. Ninguna de estas dos cosas tendrán trascendencia, pero ¿qué hacemos ante esta concentración?

SECRETARIO: De momento, callar es lo mejor, que de hablar, ya habrá tiempo.

PRESIDENTE: Callar, no será lo mejor, en todo caso será, si tenemos suerte, lo menos malo, pero puede ocurrir que nuestro silencio sea, como me temo y te he dicho, clamoroso y más perjudicial que si decimos algo.

SECRETARIO: Callemos de momento y si los animalistas continúan protestando y los medios informativos hablan mucho de ellos y nos vemos forzados a hablar, digamos que esa concentración fue irrelevante, y por eso, nada dijimos. También podemos decir que el anticlericalismo ha montado una campaña en contra de la Iglesia y se están valiendo de los animalistas y seguro que habrá anticlericales a los que nada les importe el sufrimiento de los animales, o que incluso sean aficionados a los toros, y que aprovecharan esta concentración para expresar su anticlericalismo y creo que es conveniente que busquemos a algunos de ellos para fortalecer esta argumentación pues seguro que los habrá.

PRESIDENTE: Decir que los animalistas han montado una campaña en contra nuestra, puede ser útil al principio pero si somos incapaces de exponer hechos que muestren su existencia, la gente va a sospechar que el argumento de que somos víctimas de una campaña es una excusa para no condenar las corridas de toros. Esto nos va conducir a perder credibilidad y ni los mismos católicos van a tener confianza en nosotros. Luego eso es peligroso. Si a Felipe González lo hundió su torpeza para enfrentarse ante los numerosos casos de corrupción que aparecieron durante su mandato, no quiero que a la Iglesia la hundan los animalistas por nuestra torpeza para tratar el tema de los toros.

SECRETARIO: Tengo una solución y esta es oponerle a ellas santos toreros. Juan Pablo II tuvo la buena idea de nombrar a muchos santos. Benedicto XVI hasta ahora no ha nombrado a ninguno. Hablemos con él, expongámosle el problema y la solución a aplicar. Animémoslo a que siga los pasos de su antecesor y proclame muchos santos y entre ellos colamos a toreros, como san Manolete, san Paquirri, san Curro, san Dominguín, etc. y así, desde el momento que hayan santos toreros diremos que el toreo es un camino de santidad y será un estímulo más para defender las corridas de toros.

PRESIDENTE: Pero para proclamar a un santo primero hay que proclamarlo beato y en ambos casos debe de haber realizado por lo menos un milagro.

SECRETARIO: Juan Pablo II, como bien sabes, proclamó a muchos santos. Fabricamos primero los milagros y ello nos sirvió para luego fabricar beatos y santos. Nunca hubo problemas en estas fabricaciones, ni siquiera la hubo al fabricar los milagros, la beatificación y la santificación del controvertido José María Escribá de Balaguer. Cierto que hubo malestar en los sectores progresistas pero no pasó nada más. Fabricar santos no nos ha perjudicado.

PRESIDENTE: Pero esta vez se trata de toreros.

SECRETARIO: Si santificar a un hombre controvertido, e incluso repudiado y hasta odiado por parte de los católicos y del clero, como fue José María Escribá de Balaguer, no le causó problema a la Iglesia, y solo se escuchó algún que otro ruido de sotanas, ningún problema nos va a causar santificar a los toreros, pues ninguno de ellos tuvo tanta oposición y mala prensa como la tuvo el fundador de Opus Dei.

PRESIDENTE: Me has convencido, fabricar santos nunca ha sido problemático, por lo tanto convirtamos en santos a los toreros.

El razonamiento a exponer es este: como declaramos que los santos están en el cielo, los toreros que proclamamos santos están en el cielo, y si están en él es porque Dios aprueba las corridas de toros, y si Dios las aprueba, nosotros no podemos condenarlas y por lo tanto es erróneo darle importancia al sufrimiento del toro, ya que Dios no se la da.

SECRETARIO: Lo has razonado con claridad y este argumento maquiavélico asegura la confianza en nosotros de los católicos hipócritas y fanáticos. Los primeros lo repetirán y los segundos se lo creerán.

PRESIDENTE: Lo más importante es que los católicos continúen confiando en nosotros, y declarar a toreros como santos será una buena coartada para conseguir nuestro propósito. Además, esto evitará futuros animalistas dentro de la Iglesia y que aparezcan nuevas declaraciones como lamentablemente aparecen en las octavillas que leí y ahora debemos neutralizarlas, por lo tanto la solución que me propones es magnífica. Hagamos pronto las maletas y vayamos al Vaticano.

 

Luis Vallejo

 

 

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