León Tolstoi

LO  QUE  LOS  BIOGRAFOS  DE  TOLSOTI  NO  CUENTAN

León Nikolaivich Tolstoi nació en 1824 en la finca Yasnaia Poliana, en Rusia. Siendo joven queda huérfano de padre y madre y de su educación se cuidaron sus tías. Fue hijo del conde Nikolai Ilich Tolstoi y de la condesa Mariya Tolstaya. En la universidad estudia poco y dedica mucho tiempo a bailes, juegos, mujeres y bebidas. Tolstoi es rico, tímido y se juzga feo y sin embargo llama la atención de sus compañeros por su fuerza, sus amores y su resistencia a la bebida.

En 1847 logra terminar la carrera de Derecho, no por sus escasos estudios, sino porque sus profesores tuvieron en cuenta la familia a la que pertenecía.

De 1847 a 1851 vive entre los campesinos, y el espectáculo de su miseria y de dolores lo conmueve y atormenta profundamente y concibe el noble propósito de consagrar su vida a defenderlos, en este periodo de su vida es cuando Tolstoi comienza a escribir. En 1851 ingresa en el ejército y pide ser destinado para la guerra de Crimea y en ella destaca por su valor. En Sebastopol lucha contra los ingleses, franceses y turcos y escribe Relatos de Sebastopol.

Terminada la guerra pide el retiro y se establece en San Petersburgo donde se dedica únicamente a escribir y aquí es admirado y solicitado por la alta sociedad como valeroso militar y brillante escritor, pero su espiritualidad es cada día más fuerte a la vez que se desvanece su aspecto de hombre de mundo y de vida fácil. Para plasmar sus pensamientos funda una escuela donde la mayoría de los alumnos son campesinos, y Tolstoi mismo cuida de la enseñanza, luego abre otra pero el gobierno la cierra y Tolstoi deja de escribir.

En 1862 se casa y con su esposa se va a vivir a su finca de Yasnaia Poliana y comienza un fecundo periodo de actividad literaria y en esta época escribe Guerra y  Paz que consagra a Tolstoi como escritor en toda Europa.

En enero de 1872 la esposa de uno de sus vecinos, Ana Stepanovna, al conocer la traición de su ammante, se lanza a la vía del tren. Su cadáver, hecho pedazos, queda expuesto en la sala de espera de la estación y Tolstoi es llamado y de aquí surge la novela Ana Karennina. Muy cerca de Yasnaia Poliana, en Samara, el hambre causa estragos y Tolstoi deja a su familia y de escribir la novela y acude enseguida a esa zona para organizar los auxilios. En noviembre de 1873 la difteria mata a su sexto hijo. Unos meses más tarde muere su tía Tatiana. En febrero de 1875 muere otro hijo con diez meses de vida y poco después Sofía, su esposa tiene un aborto. En dos años cinco muertes que entristecen a Tolstoi, lo ponen de malhumor y escribe a duras penas. Acaba la novela y en 1877 obtiene un gran éxito, pero se encuentra insatisfecho: “horroroso oficio el nuestro: ¡podre en alma!”, dice Tolstoi, y añade: “¿resulta tan difícil describir cómo un oficial se encapricha con una dama? No es nada difícil, pero sobre todo no es nada bueno.”

El 12 de octubre de 1875, cuando Tolstoi tiene 47 años, invita  al filósofo americana William Frey para pasar unos días en Yasnaia Poliana. Tolstoi se sorprende al enterarse que su huésped es vegetariano y le pide que le hable sobre este tema. Al terminar de hablar su invitado, Tolstoi lo abraza y le dice: “Gracias, gracias por vuestras sabias y honestas palabras. Yo ciertamente seguiré vuestro ejemplo y abandonaré la comida de la carne.” Sin embargo, Tolstoi no cumplió fielmente estas palabras ya que Colin Spencer dice en su libro The Heretic´s Feast:

“Durante años, Tolstoi había disfrutado cazando, pero en 1882 deja de cazar y empieza su nueva dieta de agua, gachas de avena, jugos de frutas y conservas. Pero era inconsciente, a veces sólo comía vegetales, a veces sólo carne y a veces bebía sólo ron diluido en agua. Cinco años más tarde, en 1887, otra vez volvió al vegetarianismo.”

            En 1892 New Review publicó un artículo donde Tolstoi decía:

            “El movimiento vegetariano debe llenar de alegría a las almas de aquellos que tienen el ánimo de la realización del reino de Dios sobre la tierra.”

            Cuando Granny, una pariente favorita del Tolstoi, empezó a no tomarse en serio su vegetarianismo, y mientras ella alargaba su brazo para coger un bocadillo de jamón de la bandeja, Tolstoi le dijo: “¡Mis felicitaciones, tu deseas comerte un animal muerto!” A pesar de los grandes esfuerzos para ignorar el comentario, ella fue incapaz de comerse la carne.

            El antropólogo y psiquiatra Cesare Lombroso visita a Tolstoi para estudiar su conducta. Después de observar cómo Tolstoi, con 69 años (se hizo vegetariano a los 47 años) derrota a su hija en un duro partido de tenis de dos horas, Tolstoi lo retó a nadar. El joven psiquiatra casi se ahoga intentando mantener el furioso ritmo de Tolstoi. La prueba hubo de suspenderse pues Tolstoi tuvo que ayudar al psiquiatra a volver a la orilla. Cuando Lombroso expresó su asombro ante la fuerza y el aguante de Tolstoi, recuerda: “Estiró su brazo y me levantó del suelo como si fuera un perrito.”

            Otro visitante se queda también asombrado al ver a un Tolstoi de 69 años ejecutar una hazaña gimnástica con más agilidad que su adolescente hijo, además hay que añadir que a los 67 años Tolstoi comenzó a montar en bicicleta, ya que por aquella época comenzó a estar de moda, y estuvo montado hasta los 80 años, además de montar a caballo y hasta los 70 años estuvo patinando sobre la nieve. Tanto León Tolstoi como Leonardo de Vinci (que también fue vegetariano) tuvieron gran fuerza física.

            En 1881 Tolstoi con su familia se trasladan a vivir a Moscú para que sus hijos continúen sus estudios. Aquí le impresiona ver a los mendigos y por esos días se estaba realizando un censo. Tolstoi logra que lo nombren agente del censo y elige realizar su trabajo en el barrio más mísero de la ciudad y en su libro ¿Qué hacer? Describe las escenas de las que fue testigo.

            Tolstoi renuncia a los placeres del mundo: deja el tabaco, viste como un humilde mujik, vive pobremente, reparte limosnas a los pobres, se aleja de los demás aristócratas, a los que considera patones, comedores de carne, perdedores del tiempo y parásitos de las clases trabajadoras, y como desprecia el dinero, renuncia a recibir el Premio Nobel. Además, viste como los campesinos humildes, con los que trabajo la tierra, abandona la caza, varias horas al día trabaja como zapatero, escribe de noche y duerme en cama dura. Sus escritos son cada vez más polémicos y el dinero de sus obras lo destina a causas humanitarias como el establecimiento de cocinas de comidas vegetarianas en los pueblos de toda Rusia, o el restablecimiento en Canadá de una secta religiosa entera, los dokhobors, los cuales habían sido perseguidos por el gobierno zarista por poner en práctica los principios de Tolstoi del pacifismo y vegetarianismo y que les impedía realizar el servicio militar.

            En el hombre mundano que fue Tolstoi, su espiritualidad aumenta con el tiempo. A los 20 años, influido por las lecturas de Montaigne y Rosseau, tiene la idea de fundar una religión de Cristo pero desprovista de dogmas. Muchos años más tarde, Tolstoi, vestido como mujik visita monasterios de la Iglesia Ortodoxa y durante dos años es fiel a esta Iglesia hasta que bruscamente rompe con ella pues llega a la conclusión de que “todas estas prácticas no son más que mentira y superstición”. Tolstoi sostiene en sus obras no responder al mal con el mal, ni a la violencia con la violencia, sino pagar el mal con el bien. En su libro El Reino de Dios está en vosotros, Tolstoi expone que la historia de la iglesia es una historia de crueldad y de horror, y que la iglesia con sus enseñanzas de redención y de salvación, sobre todo la Ortodoxa con su culto a las imágenes, excluía la doctrina de Cristo. Además, las personas que se saludan entre sí diciendo “la paz esté contigo”, a la vez que organizan ejércitos armados hasta los dientes.

            Las obras de Tolstoi que hablan de religión no gustan a la Iglesia ortodoxa que reacciona excomulgandolo en 1901. Además, sus obras tampoco gustan al gobierno zarista que censura algunas de ellas que, no obstante, son publicadas en el extranjero, pero las autoridades no se atreven a molestar a un hombre cuyo prestigio como guía espiritual era enorme.

            A Tolstoi le resulta cada día más insoportable su fortuna, quiere deshacerse de ella, y Sofía, escribe sobre este tema: “Si, según los deseos de mi esposo, hubiera hecho donación de toda nuestra fortuna, me pregunto qué hubiera sido de mi en la miseria con mis hijos”. Por esto, en 1888, Tolstoi cede sus propiedades a su familia y en 1891 entrega al dominio público los derechos de autor de sus obras escritas a partir de esa fecha.

            En la Rusia del siglo XIX era impensable, escandaloso e incomprensible para la aristocracia rusa que el más grande novelista ruso y uno de los más grandes aristócratas, cuyo linaje pocos podían aspirar a superar, cediera todas sus propiedades a su mujer e hijos y abandonara los derechos de autor para convertirse en lo que los indios llaman saddhu (hombre sagrado errante).

            Por otra parte, hombres de estado, eruditos, escritores y periodistas, tanto de Rusia como del extranjero, que se convierten en un lugar de peregrinación, para hablar con Tolstoi, hombre que con su escritos y con su ejemplo, logra que el pueblo ruso lo admire y lo considere medio santo y medio oráculo y confíe en cada palabra suya. De esta forma Tollstoi tiene un prestigio y popularidad de la que carece el zar, el cual le teme y respeta, y por esto jamás se atrevió a molestarlo.

            Mientras Tolstoi evoluciona espiritualmente con rapidez, Sofía no entiende cómo su esposo vive en la pobreza voluntaria y es vegetariano. Ella se queja de que sus cocineros tengan que preparar dos clases de comidas: unas con platos de carne para ella misma, sus hijos y amigos, y otra con platos vegetarianos para Tolstoi, sus amigos y sus discípulos. Todo esto origina que en la familia nadie viva a gusto. Tolstoi varias veces había expresado su deseo de acabar su vida en un humilde retiro, pero a ello se oponen su esposa y sus hijos. Un día, al regresar, Tolstoi se encuentra a la puerta de su casa un lujoso coche, propiedad de su familia. Esto origina, que acabara por decidirse y en la madrugada del 10 de noviembre de 1910 abandona secretamente la casa donde vivía en compañía de su amigo el Dr- Makovetski. En su cuarto deja una patética carta en la que de manera conmovedora le suplica a su familia que le perdone el dolor que habría de causarle su partida. Declaraba que le era imposible llevar por más tiempo una lujosa existencia de gran señor, opuesta a sus convicciones y rogaba que no el buscaran ni de que tratasen hacerle revocar una decisión que era irrevocable. Cuando Sofía se entera de su partida, pierde el conocimiento, y al recobrarlo, intenta por dos veces arrojarse a un estanque cerca de su casa. Mientras tanto Tolstoi se había refugiado en un monasterio y luego continúa el viaje y en la estación de tren de Astápovo enferma. Tras Tolstoi van su mujer, sus hijos, admiradores, curiosos y periodistas de todo el mundo y en esta estación muere el 20 de noviembre de 1910 a los 82 años.

El escritor ruso Gorki dijo de Tolstoi: “es el hombre-dios, un hombre que contiene en sí a cien hombres.”

            Gandhi tuvo correspondencia con Tolstoi y años más tarde llevará a la práctica sus enseñanzas, probablemente en el único país del mundo capaz de aplicarlas: la India. Veamos lo que dijo Gandhi:

            “Hace 40 años, en un momento en que estaba atravesando una grave crisis de escpeticismo y de duda, cayó en mis manos el libro de Tolstoi El Reino de Dios está entre vosotros. Aquel libro causó en mí una profunda impresión. En aquella época todavía creía en la violencia. Después de haber leído aquella obra, me vi curado de mi exceptisismo y empecé a creer firmemente en el ahimsa. Lo que más admiro de la obra de Tolstoi es que ponía en práctica todo lo que predicaba y no se echaba para atrás ante cualquier sacrificio en la búsqueda de la verdad. Fijaos en la maravilla sencillez de su vida. Nacido y educado en medio del lujo y del confort en una rica familia de aristócratas, habiendo recibido en abundancia todas las riquezas de la tierra que pudiera ambicionar el deseo, aquel hombre que había conocido todo lo que se relaciona con los goces y placeres de la vida, le volvió la espalda a todo eso cuando era todavía joven, sin volver ni una sola vez la vista atrás.

            Fue el hombre más verás de su tiempo. Su vida estuvo sellada por un esfuerzo constante y decidido por buscar la verdad y ponerla en práctica, una vez encontrada. Nunca intentó ocultar la verdad o atenuarla. Por el contrario, se atrevió a exponerla íntegramente ante los ojos de todos, sin equívocos ni compromisos; ningún poder del mundo habría podido apartarlo de ello.

            Tolstoi había sido el mayor apóstol de la no violencia que ha conocido nuestra época. No ha habido nadie en Occidente, antes ni después de él, que haya escrito o hablado a propósito de la no violencia de una manera tan magistral, y con tanta insistencia, penetración y perspicacia.”

            “Para él, creer era sinónimo de obrar. Por este motivo, tras haber pasado el comienzo de su vida en un lujo regalado, decidió llevar una existencia entregada al trabajo y a la fatiga. Se puso a trabajar la tierra con sus manos y a hacer zapatos, sin descanso, día tras día, durante ocho horas. Pero aquel trabajo físico no alteró en lo más mínimo la fuerza poderosa de su vitalidad, y fue durante aquel periodo cuando redactó su libro más sólido ¿Qué es el arte?, al que consideraba como su obra maestra. Lo fue escribiendo durante los breves intervalos de tiempo que le dejaba una faena libremente aceptada y conforme con su vocación.”

            Tolstoi escribió el prólogo de la traducción al ruso del libro The Ethics of Diet, de Howard William, este prólogo lo tituló El Primer Paso donde describe, como testigo, los métodos brutales usados en un matadero típico ruso.

            Ahora veamos algunas sabias palabras que no ha dejado Tolstoi:

            “El hombre debe vivir, debe amar. El hombre, en cuanto animal, debe luchar; pero en cuanto ser espiritual, se coloca sobra la lucha. Toda la vida humana consiste en someter el ser carnal al ser espiritual. Toda la vida humana consiste en fortificar el ser espiritual y vencer el ser carnal. La vida del hombre consiste en vencer los deseos del cuerpo por la conciencia moral.”

            “La corrupción y la inmoralidad que reina en la alta sociedad proviene de que se alimenta principalmente de carne y comidas y bebidas cuyos efectos supernutritivos y excitantes la incitan al vicio.”

            “La primer cosa de que debemos abstenernos en la práctica, si verdaderamente deseamos llevar una vida moral, es la carne.”

            “La alimentación animal es la causa de las pasiones carnales y de los placeres viciosos.”

            “La abstención de comer carne, constituye la base fundamental de toda vida moral. Este hecho nos ha sido demostrado hasta la saciedad por todos los mejores representantes de la especie humana.”

            “Alimentarse de los despojos de un animal asesinado demuestra un cierto mal gusto.”

            “¿Cómo podemos esperar cualquier condición ideal en la tierra mientras seamos las tumbas de animales asesinados?”

            “Mientras el hombre mate animales para comérselos, se matarán los hombres entre sí.”

            “Los hombres deben escoger entre la vida y la muerte. La muerte está en la carne y alimentación correspondiente; la vida está en el espíritu.”

            “El ayuno es condición necesaria de una vida moral.”

            “El que hace sufrir a otro ser se causa daño a sí mismo. Quien ayuda a los demás seres se ayuda a sí mismo.” (¿Qué debo hacer?)

            “El único significado de la vida consiste en ayudar a que se establezca el reino de Dios.”

            “El vegetarianismo sirve como un criterio por el cual sabemos que la búsqueda de la perfección moral por parte del hombre es genuina y sincera.”

"Alimentarse de carne es un vestigio del primitivismo más grande. El paso al vegetarianismo es la primera consecuencia natural de la ilustración."

"Un hombre puede vivir y estar sano sin matar animales para comer; por ello, si come carne, toma parte en quitarle la vida a un animal sólo para satisfacer su apetito. Y actuar así es inmoral"

            “Horroroso no son tanto los sufrimientos y la muerte cruel de los animales, como el que el hombre, sin necesidad, sofoque en su interior el sentimiento más noble de su alma, la compasión para con los demás seres, violentándose para endurecer su corazón. Y ¡cuán profundamente no está gravada en el corazón humano la prohibición de matar a los animales! Pero el mal ejemplo, el aguijón de la insaciable glotonería humana, el sofisma de que tales matanzas tienen la sanción divina y que, por lo tanto, son lícitas, y más que nada, la costumbre, consiguen finalmente que este sentimiento natural vaya extinguiéndose poco a poco, sin dejar rastro alguno…

            Si el hombre busca seria y sinceramente el camino moral, lo primero a que ha de renunciar es el alimento cárneo, porque aparte de la excitación de las pasiones que origina, resulta a todas luces inmoral en sí mismo, por cuanto que requiere un acto (en de la matanza) que se halla en flagrante contradicción con la moralidad, ya que sólo responde a exigencias y a requerimientos de la gula y de un sibarismo decadente.

El por qué la abstinencia de alimentos cárneos ha de considerarse como hecho primordial de una vida moral, ha sido expuesto de modo contundente por los mejores representantes de la humanidad.”

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