Jean Palaiseul, La medicina encadenada

            El periodista francés Jean Palaiseul en 1958 escribió el libro con el título en español La Medicina Encadenada y en francés Tous les moyens de vous guérir interdits aux médecins (Todos los medios de curación prohibidos a los médicos). El libro consta de dos tomos y en cada capítulo trata de un curandero, o médico, o tratamiento que ha sido perseguido por el colegio de Médicos y por el Ministerio de Sanidad, pese a que cura lo que no puede curar los tratamientos oficiales que se enseñan en las universidades.

            Debido a que recientemente (abril-mayo 2015) ha enfermado de difteria un niño de Olot cuyos padres no eran partidarios de la vacuna que se encuentra en el Hospital Vall d´Hebrón de Barcelona. Le están dando antitoxina procedente de Rusia y continúa grave durante semanas. Se ha producido una gran polémica con duras declaraciones de quienes se oponen a las vacunas, aunque para mi, infundadas.

            Por esto reproduzco este capítulo íntegro que trata de curación de la difteria, concretamente, una niña de nombre Ghoslaine, en el año 1932, o sea, hace 83 años, y pese a que ya ha pasado 83 años, las propiedades terapéuticas del cloruro de magnesio continua desconocido por médicos, por curanderos, por la sociedad, incluidos por quienes se oponen a las vacunas

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Capítulo    XXIII

 

LA  POLIOMIELITS  Y  OTRAS  17  ENFERMEADES  INFECCIOSAS  PUEDEN  SER  CURADAS  POR  EL  TRATAMIENTO  SIMPLE  Y  POCO  COSTOSO  DEL  DR.  NEVEU

           

Durante el verano de 1956, en el momento en que la poliomielitis hacía estragos como todos los años en la misma época en diversos puntos de nuestro país, recibí, una detrás de otra, seis cartas que me señalaban un medio eficaz y poco costoso de vencer a esta enfermedad, cuyo nombre hace temblar periódicamente a millones de padres y madres de familia.

            Dos de estas cartas eran de médicos, las otras cuatro de padres o vecinos de niños curados. Todas mencionaban el mismo tratamiento aplicado por el mismo médico, el Dr. Neveu, instalado en un pequeño pueblo de Charente-Maritime.

            “Sería muy interesante, escribía el Dr. Raymond V…, dar a conocer y extender el método de un colega mío, que usa simplemente una solución de cloruro de magnesio, pues dcha solución, tomada en dosis variables, cura la fiebre aftosa y, en el hombre, la difteria y, sobre todo, la poliomielitis. Pero nadie habla de él. Acaso es demasiado simple…”

            El Dr. Pierre J… por su parte, expresa una opinión idéntica y añadía: “Confieso que al principio he sido extremadamente escéptico en cuanto a los resultados que se podían esperar de una tal medicación, pero los hechos (ante los que siempre hay que inclinarse cuando se repiten con una constancia sin fallos) se han encargado de convertirme al “método Nadeu”. Constituye este un arma notable en la lucha contra la polio y considero que es criminal no asegurarle la difusión que merece…”

            Los casos de curaciones contados por mis otros comunicantes confirman el entusiasmo de estos médicos. No citaré más que uno a título de muestra:

            Un noche (me decía una señora G…, al regresar de la escuela, mi hijo Raymond, que tiene 8 años, se quejó de dolores de cabeza. Creí primero que era una escusa para no hacer sus deberes. Le regañé un poco e insistí para que tomara sus cuadernos y se pusiera a la labor. Obedeció llorando, pero al día siguiente por lo mañana tuve que admitir que tenía algo anormal: él, que siempre era tan vivo quejándose: “Me duele todo (me dijo); estoy tan cansando como si hubiera jugado toda la noche a policía y ladrones.”

            “Lo volvía a meter en la cama, pensando que se trataba de un enfriamiento o de una fiebre de crecimiento. Por la noche se sintió bastante mal. Llamé a nuestro médico. Vino después del mediodía: desde algunas horas antes, Raymond tenía la pierna derecha que se paralizaba. Tenía 39,5 grados y el diagnóstico no fue largo: parálisis infantil…

            “Mi marido me encontró bañada en lágrimas cuando regresó de su trabajo. “No hay que perder la cabeza (me consoló) , voy a ir enseguida a casa de René (es uno de sus compañeros) para pedirle la dirección del médico que curó a su mujer el año pasado. Estaba todavía peor que Raymond, y sin embargo, la salvó.” Resumo: mi marido consultó con al Dr. Neveu, que mandó un tratamiento a base de cloruro de magnesio; al cabo de un día, la fiebre había desaparecido prácticamente, y la parálisis estaba en vías de regresión. Cinco días más tarde, Raymond estaba de pie. Su polio no era ya que una mala pesadilla…

            “El Dr. Neveu aplica su tratamiento con éxito desde 1943; ¿no cree que es asombroso que no se conceda más interés  este método que podría salvar numerosas vidas humanas, y liberar del temor a la población, aterrorizada por las epidemias de las que hablan los periódicos?”

            Y la señora G… concluía con esta fórmula, que se encontraba casi palabra por palabra en todas las cartas que me alababan los méritos del “método Neveu”: “Estoy segura de que usted pensará, como yo, que no aplicar un tratamiento que carece de peligro y que ha sido probado en casos muy graves en los que el cuerpo médico se ve impotente, simplemente porque una conspiración de silencio se opone a su divulgación, sin duda para servir a intereses sórdidos, es un crimen. Y lo mismo que yo, usted no querrá convertirse en cómplice de él, callándose…”

            Yo no lo quería, desde luego (esto es lo que yo respondía a mis comunicantes) y sin embargo, he tenido que esperar mucho tiempo antes de poder hablar de él. ¿Por qué? Porque los elementos que poseía eran insuficientes y porque la única persona capaz de informarme con precisión, el mismo Dr. Neveu, no tenía derecho a hacerlo, bajo pena de sanciones por parte del Consejo del Colegio, y se negaba obstinadamente a recibirme.

            Pero lo que este médico no podía confiar a un periodista, lo ha escrito él mismo. Bajo el título de “Traitement cytophylactique des maladies infectieuses par le chlorure de magnésium. La Popiomyélite”, ha dado a conocer un folleto que contiene lo esencial de su técnica y que me ha permitido completar mi documentación, remontándome a las fuentes, es decir, a los trabajos del profesor Pierre Delbet, de los que deriva su nuevo método terapéutico.

            Estoy, al fin, en condiciones de revelar al público un tratamiento que ha sido probado y que debería haber entrado hace mucho tiempo en la práctica médica, si no tuviera contra sí tres defectos imperdonables a los ojos de los conformistas: 1º, ha sido descubierto por un modesto médico francés; 2º, es simple; 3º, es poco costoso.

            No invento nada: el Dr. Neveu ha tratado, en varias ocasiones, de dar a conocer su método a sus colegas, y sus tentativas han chocado siempre con una berrera infranqueable.

            ¿No es significativo, por ejemplo, que la comunicación que él leyó en un congreso internacional, celebrado en París en 1947, haya sido reproducida íntegramente en lo que se refiere al tratamiento de los animales domésticos, y que la parte que trataba de las enfermedades humanas haya sido resumida hasta el extremo y mutilada? ¿No es significativo, igualmente, que la prensa especializada se haya negado a publicar las notas en las que él exponía su técnica?

 

            Es el origen de su descubrimiento se encuentran los trabajos de un hombre que ha ocupado durante más de medio siglo un puesto considerable en la medicina francesa, y cuya muerte, sin embargo, ocurrida recientemente, ha pasado prácticamente desapercibida. Este hombre, este sabio injustamente olvidado, es el profesor Pierre Delber.

            Nacido en 1861, conquistó todos los honores que jalonan las grandes carreras médicas. Interno de los hospitales, director de clínica, agregado de la Facultad, cirujano de los hospitales, varias veces laureado por la Facultad de Medicina y por la Academia de Medicina. “eminencia” de renombre durante más de treinta años, autor de importantes obras que son autoridades, miembro de la Academia de Medicina, murió el 17 de julio de 1957, a la edad de 96 años y medio, en su casa de La Ferté-Gaucher, donde vivía desde hacía más de veinte, rodeado de los cuidados de una secretaria adicta y fiel.

            Con una claridad y un ardor que traducen perfectamente su carácter preciso y entero, ha expuesto por sí mismo, en sus libros, cómo, en el curso de largos años de investigación, ha nacido lo que él llama la “citofilaxia”. La historia vale la pena de ser conocida: es tan apasionante como una novela policíaca; el humor y el azar tienen en ella su papel. Hela aquí:

            Desde su internado, Pierre Delbet se hace una pregunta que apenas parece preocupar a sus maestros. Se pregunta si el lavado de las heridas con soluciones antisépticas no tiene más inconvenientes que ventajas.

            Esta idea, particularmente audaz para la ciencia de 1889, le es sugerida por el hehco de que nuestro organismo está concebido para defenderse contra los agentes microscópicos de la infección mediante sys células, que están adaptadas hereditariamente a la lucha.

            Si estas células (prosigue) son sensibles a los antisépticos, el lavado de las heridas, al destruirlas, disminuye la resistencia a la infección. Si son más sensibles que los microbios, si proporcionalmente sucumben en mayor número que los agentes patológicos, lod antiséptocos en lugar de disminuir la infección, pueden aumentarla.

            “De una manera general, los organismo vivientes son tanto más delicados cuanto más perfeccionados son. Según esta ley, es probable que los microbios, prototipos elementales, resistan mejor a los antisépticos que las células muy superiores. La lógica lleva a concluir que la aplicación local de los antisépticos es perjudicial.”

            No obstante, se apresura a añadir que “nada es más peligroso que la pura lógica en biología. Conocía la exactitud de la famosa fórmula de Leibniz: “Una posibilidad lógica no es una posibilidad real”, y, por tanto, recurrió a la experimentación para confiar o desechar su conclusión. Los hechos le dan la razón y, en 1891, en una comunicación que causa un cierto ruido, demuestra que “el lavado del peritoneo con antisépticos favorece la infección”.

            Pasan los años, Pierre Delbet se vuelve a otros trabajos, pero la guerra de 1914-1918 va a encargarse de interesarle de nuevo por sus conocimientos. Movilizado como cirujano en la ambulancia modelo de Compiègne, dirigida por Carrel (con quien, por otra parte, se encontrará en desacuerdo en sus escritos ulteriores), ve que, a pesar de la aplicación del método antiséptico, las heridas sin ancha abertura no están al abrigo de la garganta gaseosa.

            Sus observaciones refuerzan todavía más su opinión sobre los peligros de la antisepsia. Se adhiere a la doctrina que, en la infección de las heridas, atribuye al estado de los tejidos un papel igual al de los microbios y estima que es posible que una modificación artificial del medio implicara un crecimiento de la actividad celular, lo que sería saludable.

            El papel capital de los glóbulos blancos en la lucha contra la afección ha sido establecido por Metchnikoff (declara), y  por ello yo tomo a estas células como base de mis investigaciones… La antisepsia apunta a los microbios y mata a las células: o quería aumentar la resistencia de las células para que pudieran triunfar sobre los microbios.

            Sumerge, pues, los glóbulos blancos humanos en diversas sustancias y constata que su poder fagocitario (es decir, su facultad en engordar y de dirigir partículas orgánicas o inorgánicas dañinas para nuestro organismo, como los glóbulos rojos debilitados o los microbios, varía en enormes proporciones en función de ligeras diferencias químicas. Esta constatación le conduce a averiguar si alguna sustancia, que no exista en nuestros tejidos más que en cantidad insignificante, sería capaz de aumentar la acción de los glóbulos blancos o leucocitos.

            Esta es la solución de cloruro de magnesio al 12,1 %, que da, según su propia expresión, “resultados extraordinarios”. En los tubos de ensayo. “aumenta la fagocitosis en la proporción de 75 %, por relación con la solución ce cloruro de sodio al 8 % que ya la da más que todas las demás sustancias estudiadas”. Es por consiguiente, el mejor método de cura.

            Pero Pierre Delbet no se detiene en este resultado: se pregunta si el cloruro de magnesio conserva su acción en el organismo, particularmente en la sangre circulante. Efectúa experiencias complicadas que le demuestran que esta acción, no sólo persiste, sino  que es mucho más marcada (aumento de la fagocitosis de 129 % en una terapéutica, en ciertas infecciones internas, locales o generalizadas.

            En los primeros días de septiembre de 1915, informa de sus trabajos en dos comunicaciones a la Academia de Ciencias y a la Academia de Medicina, y en abril de1918, en colaboración con Noël Fiessinger, publica un enorme volumen, titulado “Biologie de la plaie de guerre”, en el que ofrece el balance de sus investigaciones.

            Dice, con humor: “Este libro debería haber aparecido hace varios meses. Las razones de su retraso son lo suficientemente conocidas como para que resulte unítil exponerlas”, y añade modestamente que es posible que otras sustancias tengan una acción del mismo orden mucho más poderosa que la del cloruro de magnesio, por lo que invita a los jóvenes investigadores a interesarse por este problema.

 

            Si esta llamada parece haber quedado sin respuesta, no ocurre lo mismo con el descubrimiento de Pierre Delbet, puesto que se materializó en un método.

            Este método, que tiene por objetivo exaltar la vitalidad de las células (dice), lo llamo citofiláctico. La palabra citofilaxia quiere decir “protección de las células”. Está bastante mal elegida. Hubiera debido crear otra, que significara “exaltación de las células”. Poco importa el nombre. En esta época yo concebía la citofilaxia como un método de lucha contra la infección de las heridas, y nada más.

            Hemos visto que tuvo la idea de extenderlo a las infecciones internas: usaba su solución de cloruro de magnesio en inyecciones intravenosas en los sujetos gravemente inficionados. Luego el destino le forzó la mano en circunstancias que él cuenta del siguiente modo:

            “Recuerdo con precisión, confía en su libro, “Politique préventive du cáncer”, como una fecha importante de mi vida, el día, el momento, en que, por primera vez lo administré por la boca.

            “Yo tenía a mi cuidado en el hospital Necker a un herido, cuyo estado era grave y que se negaba a que se le pusieran inyecciones. Una mañana dije: “Probemos am darle la solución por vía oral.” Al oírlo, la vigilante, señora Boivin, y dos enfermeras esbozaron una sonrisa. “¿Por qué s ríen?” “Todas nosotras lo tomamos”, respondió la señora Boivin. “¿Por qué?” “¡Nos da fuerzas para el trabajo!” “Y ué es lo que les ha dado la idea de tomarlo?” “Hemos comprobado que los enfermos a los que se les inyectaba experimentaban una especie de bienestar. Entonces nostras hemos probado a beberlo y nos ha p0roducido el mismo efecto.”

            “A este azar se debe la expresión del método citofiláctico. Esta solución, a la que llamaban “mi droga”, la administré a todos los heridos a mi cargo, la tomé yo mismo, y la hice tomar a todas las personas que yo apreciaba. Las vigilantes y enfermeras, encargadas con la sensación de euforia, de energía, de resistencia a la fatiga que sentían, hicieron su 0propaganda. Rápidamente, gran número de personas tomaron regularmente “mi droga”, y yo recogí una amplia colección de hechos que ya apenas esperaba y que me han inspirado nuevas investigaciones.”

Estas se concretaron en numerosas comunicaciones, de las que está resumido lo esencial en unas pocas palabras del Dr. Neveu cuando escribe en el prólogo de su folleto: “Se convirtió (la citofalixia) en un método general que aumenta la resistencia del organismo, no solamente contra la infección de las heridas, sino también contra la avitaminosis, contra la anafilaxis, contra la debilidad senil y contra la cancerización”.

Y llegamos así al tratamiento antipoliomielítico preconizado por este médico de Charente:

Se me ocurrió, fortuitamente (declara), aportar una importante contribución al método citofiláctico del profesor Pierre Delbet. En 1932 hice tomar cloruro de magnesio a una pequeña paciente, Ghoslaine L…, que padecía anginas, con el objeto de atenuar los trastornos anafilácticos del suero, que yo creía que tendría que inyectarle, en espera del análisis de su extirpación amigdaliana.

“Me quedé sorprendido, al día siguiente por la mañana, al comprobar la curación total de Ghislaine antes de que este análisis (que era positivo para el bacilo de Loeffler) me fuera comunicado por el laboratorio. Esta primera curación de la difteria por el cloruro de magnesio fue el punto de partida de mis investigaciones sobre el tratamiento citofiláctico de las enfermedades infecciosas en general.”

Volveremos más adelante sobre los prodigiosos resultados coleccionados en este campo, tanto por el Dr. Neveu como por varios colegas suyos (aparte de la difteria, otras diversas afecciones, como la gripe, la bronconeumonía, el asma, la forunculosis, el eczema, la diarrea verde, epidémica del lactante, etc. han sido tratadas con éxito con el cloruro de magnesio.) pero es, sobre todo, en los casos de poliomielitis donde la “droga” del profesor Pierre Delbet ha demostrado, de la forma más aplastante, sus extraordinarias virtudes.

No existe, hablando propiamente (constata el Dr. Neveu) tratamiento eficaz, conocido actualmente, contra la poliomielitis. Ninguno de los métodos terapéuticos que se han ensayado ha dado, hasta aquí, resultado alguno satisfactorio. Hay que rendirse a la evidencia. La poliomielitis es, indudablemente, la “terrible enfermedad” ante la que toda familia tiene motivos para sentir horror.

“Ahora bien, la experiencia demuestra que el cloruro de magnesio, administrado a tiempo, posee una acción de contención positiva, incluso en los casos más graves. En factor citofiláctico del cloruro de magnesio no puede, desde luego, ser puesto en duda en el tratamiento de esta enfermedad,”

En apoyo de esta información, el Dr. Neveu relata algunas de sus observaciones personales, reforzadas todavía por el testimonio  de padres, que no dejan, en efecto, ninguna duda sobre la eficacia de su método. Pero este tratamiento posee también una acción terapéutica muy interesante en el tratamiento de las secuelas de las de la poliomielitis que no exceden en un mes.

Por ello, el Dr. Neveu no duda en declarar:

“En tiempos de epidemias reconocidas en la región, el tratamiento podría ser iniciado desde las primeras molestias generales prodrómicas de la enfermedad: lasitud, cansancio, dolores de cabeza, fiebre.

La precocidad del tratamiento de la poliomielitis por cloruro de magnesio tendría la inmensa ventaja de suprimir, inmediatamente, los focos de contagio. La “terrible enfermedad”, no sería ya terrible.”

 

Fue en el curso de las “Jornadas terapéuticas internacionales de París de 1947” cuando el Dr. Neveu comunicó por primera vez a sus colegas su experiencia en lo que se refiere a la poliomielitis. En una comunicación titulada “Traitement cytophylactique de quelquess maladies infectieuses de l´homme et du bétail par le chorure de magnesium”, presentó numerosas curaciones obtenidas en diversas afecciones humanas y dio parte de un éxito en la polio.

He aquí cómo dio conocimiento de él:

“Yo no he tratado más que de un solo caso de poliomielitis durante la epidemia de 1943, pero es un caso claro. Se trataba de un niño de 4 años que estaba paralítico de la pierna izquierda cuando yo le inicié el tratamiento. Ahora bien, este pequeño enfermo fue completa y rápidamente curado por el cloruro de magnesio.”

A pesar de su “claridad”, es normal que esta curación no haya despertado gran interés entre el auditorio: se le podía reprochar ser único. Pero lo que es mucho menos normal es que las numerosas observaciones (tan concluyentes) que el Dr. Neveu ha acumulado después, no hayan podido encontrar espacio en las revistas especializadas, y que haya tenido que publicar su folleto para tratar de darlas a conocer.

¿Por qué este silencio intencionada en torno a un método cuya eficacia no se puede negar ya, puesto que todos los casos de poliomielitis tratados con cloruro de magnesio por el Dr. Neveu han sido un éxito?

¿Es porque este tratamiento es demasiado simple y demasiado barato, lo que amenaza perjudicar a ciertos intereses?

¿Es porque el hombre que lo preconiza no se ha hecho un nombre frecuentado en salones y porque no pertenece al mundo de los pontífices oficiales? En una preciosa obra (desgraciadamente agotada y inhallable hoy) Joseph Favier nos lo presenta como un médico de provincias “constantemente asediado por una clientela muy numerosa, cada vez más numerosa, a la que se entrega todo entero” y nos advierte que “no es, ni puede ser lo que se llama un “hombre de ciencia”, un autor”. ¿Es esta una razón suficiente para rechazar sus trabajos y dejar ignorar a los padres inquietos que existe un medio fácil y seguro de proteger a sus niños contra la “terrible enfermedad”?

O bien, simplemente, ¿no se le reprocha al Dr. Neveu el no conservar su secreto, el “perjudicar a la profesión” al desvelar una recete que tiene la ventaja de ser absolutamente inofensiva, y, por lo tano, de poder ser usada por todo el mundo? Pues el Dr. Neveu tiene el reflejo sano del auténtico médico de provincias; lo que le preocupa no son los títulos ni los honores, sino el  pleno cumplimiento de su misión que ha aceptado al elegir su profesión: habiendo experimentado un tratamiento que cura, ofrece su posología para que sus colegas lo usen a su vez o, en su defecto, para que los pacientes mismos puedan recurrir a él.

Ha aquí esta posología:

Mandar preparar esta solución: cloruro de magnesio desecado 20 gramos (si es hexahidratado serían 40 gramos); agua común débilmente mineralizada o agua Evian, un litro.

Adultos y niños de más de 5 años: Que tomen 125 centímetros cúbicos de la solución cada 6 horas durante 48 horas, después cada 12, según el estado del enfermo.

Notemos que sería prudente empezar por dos dosis con 2 o 3 horas de intervalo en los casos muy graves.

Niños de menos de 5 años: Estas dosis se convertirán en 100 centímetros cúbicos a los 4 años, en 80 a los 3 años, en 60 a los dos años. Y se administrarán en los mismos tiempos que las anteriores, es decir,, 2 dosis con 2 o 3 horas de intervalo en los casos muy graves, y luego, cada 6 horas durante 48 horas, y, finalmente, cada 12 horas.

A cada una de estas dosis se le añadirá una ligera cantidad de agua, y además se le echará azúcar integral a voluntad con jugos de limón los niños que tomen difícilmente la solución.

Lactantes: Se les dará a absorber, según la edad, de 1 a 4 cucharadas de café de la solución, directamente o por cuentagotas, cada 3 horas durante 48 horas, luego cada 6, y, finalmente cada 12.

Nota: Cada una de estas dosis será disminuida en caso de desarreglo intestinal, pero siempre se administrará en los mismos tiempos que quedan indicados.

Este tratamiento debe ser iniciado desde los primeros signos de la enfermedad, que son, por orden cronológico: 1º malestar general, lasitud, cansancio, dolores de cabeza, fiebre; 2º anginas, rigidez dolorosa de la nunca; 31 rigidez dolorosa de la columna vertebral dorsal; 4º aparición de las parálisis, generalmente con el descenso de la temperatura.

El tratamiento citofiláctico de la poliomielits (precisa el Dr. Neveu (debe ser considerado como un tratamiento de extrema urgencia, así como la intervención quirúrgica no debe ser diferida en el tratamiento de la hernia estrangulada.

Será, pues, necesario que el tratamiento se comunique desde los primeros signos enumerados más arriba, y no esperar a la parálisis que revela una lesión de los cuerpos anteriores de la médula espinal; en todo caso, no se debe esperar más allá de la aparición de la primera parálisis.

“Todas las anginas no son, evidentemente, el primer signo de una poliomielitis, pero cuando esta angina va acompañada por una rigidez dolorosa de la nunca y, sobre todo, un poco más tarde, de rigidez dolorosa de la columna vertebral dorsal, no hay que esperar ya más tiempo para empezar el tratamiento…

En conclusión, sería conveniente que toda la familia tuviera, en reserva, un litro o dos de la solución de cloruro de magnesio desecado a 20 gramos por 1.000, solución que se conserva indefinidamente, para intervenir inmediatamente en caso de alarma.”

Las observaciones citadas por el Dr. Neveu prueban, en efecto, que si el tratamiento se empieza sin retraso, se puede esperar una curación rápida y total.

No ocurre, desgraciadamente, lo mismo si se empieza tardíamente, pues la gravedad del mal aumenta y más cuanto más tiempo se espere: los virus de la poliomielitis destruyen la sustancia nerviosa de los cuernos anteriores de la médula, esta destrucción deja, detrás de si, cicatrices esclerosas que escapan a toda intervención médica o quirúrgica.

No obstante (añade el Dr. Neveu), es conveniente que le tratamiento de magnesio sea además aconsejado. El enfermo absorberá una dosis de la solución de cloruro de magnesio, calculada según su edad y su tolerancia intestinal, cada seis horas, durante algunos días, luego cada ocho horas, y, por fin, cada doce horas, durante un tiempo bastante largo.

“Este tratamiento dese ser seguido por todos los crónico con el objeto de mejorar su situación , pero su posibilidad de mejoría sería evidentemente tanto más restringida cuanto más antiguas sean sus parálisis.

Con una franqueza que en vano se buscaría en al abundante literatura oficial no inspira por ella que periódicamente se difunde sobr el tema de la polio, él admite que los medios de que dispone para luchar contra este azote son “precarios”.

Recuerda que las medidas de aislamiento no pueden siempre ser tomadas a tiempo y que existen formas atenuadas, no paralíticas, que pasan desapercibidas y que son extremadamente peligrosas.

Por ejemplo (dice), en una familia, un pequeño enfermo padece angina o una rinofaringitis, y se cura después de algunos días de fiebre, pero contamina a su hermano o hermana, que muere, poco tiempo después de poliomielitis confirmada.

Recuerda también e tiempo de epidemia, la observación de un sujeto con anginas rojas permite prever la polio si el médico tiene en cuenta en su examen la rigidez dolorosa de la nunca y de la espalda, así como la cefalia muy penosa del enfermo, que siente la cabeza como taladrada por un tornillo.

Es preciso pues, pues, desconfiar (prosigue) den esta angina que va acompañada de rigidez dolorosa de la nunca y que amenaza condenar al enfermo a muerte por asfixia o quedar para siempre con una parálisis definitiva.

“Y, sobre todo, sería preciso saber que existe un tratamiento muy simple, un tratamiento poco costoso, el tratamiento por cloruro de magnesio, que, aplicado a tiempo, es decir, en el momento de la angina y de la rigidez de la nunca o, como más tarde, a la aparición de la primera parálisis, pondrá  al sujeto atacado fuera de peligro en 48 horas, y le curará en seguida totalmente.”

 

Si el Dr. Neveu no duda en lanzar esta afirmación que revoluciona los pronósticos habituales, es porque detrás de él tiene una amplia experiencia personal: al primer caso que señaló en las “Jornadas terapéuticas de París de 1947” ha añadido decenas más, todos tratados de la misma forma y todos coronados por curaciones tan espectaculares como rápidas.

Presenta quince en un folleto. Entre las siete observaciones de poliomielitis anterior  aguda, citaré aquella dde la que él mismo dice “que es apasionante, pues sin la intervención inmediata del tratamiento citofiláctico por cloruro de magnesio, la historia del joven enfermo hubiera podido rápidamente convertirse en un drama.” Hela aquí, tal como la cuenta:

“Fernand V…, de trece años, toma un baño de mar el domingo 14 de agosto de 1955. Permanece un cuarto de hora en el agua. Al salir del baño, tiene frío y siente escalofrío.

Lunes 15 de agosto. Se queja de la cabeza y se queda en la cama. Temperatura: por la noche, 40 grados. Un médico llamado prescribe comprimidos de criogenina con tetrasulfamida.

Martes 16 de agosto. Temperatura: por la mañana, 28,8 grados. El estado del niño se agrava por la noche. No soporta los comprimidos prescritos, vomita. La cefalia se hace muy molesta y al enfermo empieza a dolerle la nunca y la espalda. No soporta ya la luz, “La luz me saca los ojos”, dice. Temperatura, 40,4 grados. El médico, llamado de nuevo, dice a la madre, “Temo una poliomielitis.” Volverá el jueves por la mañana, si se le llama.

Miércoles 17 de agosto. Temperatura por la mañana, 38,5 grados. El niño no está mejor. La noche anterior la ha pasado muy mal y, esta mañana, la cefalía y los dolores de la nunca y de la espalda se han hecho intolerables. El niño está muy agitado. Grita. Su madre, literalmente desesperada, le cree perdido.

En este momento le entregan un periódico que acaba de publicar justamente un reportaje sobre el tratamiento de la poliomielitis por cloruro de magnesio, tratamiento que yo estudio desde 1947, en el perro y en el hombre, y del que empiezo a tener una experiencia bastante buena. La pobre mamá acude a mi. Llega sofocada. Me suplica que vaya a ver a su niño, que le cure. Está muy excitada. Pagará, dice, lo que haga falta. “Acabo de leer, continúa, que usted cura la poliomielitis; venga a curar a mi pequeño.”

La hago entrar a mi gabinete de consulta. La hago sentarse. Se calma. Le pregunto. Me cuenta los hechos precedentes. Se trata, evidentemente, de un caso muy grave de poliomielitis de rápido progreso, pero es de comienzo reciente, lo que me permite decir a esta madre que su pequeño estará fuera de peligro en 48 horas.

Le digo que me espere. Espera con confianza. Le preparo la solución siguiente: cloruro de magnesio desecado, 20 gramos; agua común, un litro. El Enfermo tomará 125 centímetros cúbicos, cada 6 horas.

El tratamiento se empieza a medio día. Por la noche, ligerísma mejoría. Temperatura: 39 grados. Al día siguiente, por la mañana, jueves 18 de agosto, los dolores de cabeza, de la nunca y de la espalda disminuyen. Temperaturas: por la mañana, 37,6 grados; por la noche, 38,8 grados.

Viernes 19 de agosto. Temperatura: por la mañana, 37 grados; por la noche, 38,8 grados.

Sábado 20 de agosto. No toma más que dos dosis de la solución en el día. Por la noche, se queja de la cabeza. Temperatura: 338,2 grados. Este ligero aumento de la temperatura y del dolor de la cabeza, del que se queja el pequeño enfermo, ¿es debido a su escapada de ayer por la tarde o a un motivo muy distinto? Poco importa. El médico que le trata, llamado otra vez, es puesto al corriente del tratamiento aconsejado por mí. Es prescribe comprimido para calmarle los dolores de cabeza y, sin dudar, aconseja continuar con el cloruro de magnesio.

Domingo 21 de agosto. El niño toma dosis de la solución de cloruro de magnesio en el día. Temperatura: por la mañana, 38,6 grados; por la noche, 38 grados.

El lunes 22 de agosto, todo vuelve al orden. Supresión del tratamiento de magnesio. Temperaturas: por la mañana 37,2 grados. El niño está definitivamente curado.”

El Dr. Neveu precisa, dirigiéndose a sus colegas, que el causar las primeras dosis ligero desarreglo intestinal, fueron reducidas a 100 centímetros cúbicos, y luego aumentadas de nuevo a 125, que el enfermo soportó perfectamente; y añade:

“La madre venía todos los días a informarme del estado del pequeño enfermo. Cuando comprendió, el viernes 19 de agosto, por la mañana, que su pequeño Fernand estaba fuera de peligro, y le vio ir a distraerse, por la tarde, al jardín, esta mujer, que había pasado, en 48 horas de la más terrible angustia a la alegría más grande, sufrió un delirio estruendoso, al venir a manifestarlo a mi consulta.

El método citofiláctico del profesor Pierre Delbet por cloruro de magnesio, que yo he aplicado al tratamiento de las enfermedades infecciosas, con resultados inesperados, acaba de salvar al pequeño Fernand.”

Estos resultados inesperados, el doctor no los obtiene solamente cuando la polio es cogida en sus comienzos. Los obtiene también en enfermos, paralizados, cuyo diagnóstico (él insiste sobre este punto) ha sido hecho en un centro médico o ha sido revelado a domicilio por un análisis del líquido cafalorraquídeo. Toda una serie de observaciones lo prueba.

Ellas muestran (dice) que el cloruro de magnesio, aplicado con retraso incluido, posee también una acción terapéutica muy interesante en el tratamiento de las secuelas de poliomielitis que no excedan de un mes, salvo una de ellas tratada con custro meses de retraso.

Resumamos algunos. El 21 de agosto de 1952, la pequeña Brigitte M…, de Fère-Champenoise, abandona el hospital de la Maison-Blanche en Reims. Está paralítica de las dos piernas. Sus padres hacen que empiece entonces (es decir, 28 días después del comienzo de su ataque de polio) con el tratamiento por cloruro de magnesio, en espera de su partida para el centro de reeducación de Garches.

“Durante esta quincena, escribe el padre, los resultados han sido de lo más asombroso. En efecto, nuestra niña recuperaba la movilidad de su pierna derecha y particularmente la de su izquierda. Nos presentamos en Garches el 15 de septiembre, para la visita de ingreso en el hospital. La niña fue examinada por el profesor G…, que nos aconsejó hacer su reeducación en el domicilio; consideraba inútil retenerla, mientras los demás pequeños de Fère-Champenoise, atacados por la poliomielitis al mismo tiempo que Brigitte, presentaban secuelas mucho más graves, y estaban hospitalizados.”

Quince días más tarde, la niñita daba algunos pasos sola y hoy anda normalmente, no conservando más que una leve delgadez de la pierna izquierda.

Rémy T…, cultivador, cuidado en el hospital de Niort y en el Saintes, le es llevado con los dos miembros inferiores y en el brazo derecho casi completamente paralizados. No puede ni levantarse, ni mantenerse de pie, ni servirse de su brazo. El Dr. Neveu empieza el tratamiento a base de magnesio; después de haber absorbido diez litros de la solución, el enfermo obtiene una mejoría muy clara: puede ayudarse de su brazo derecho y los miembros inferiores progresan. Bien pronto puede afeitarse y andar sostenido por las exilas. Recupera 14 kilos de cuatro meses. En seguida abandona sus muletas y anda sin excesiva dificultad con un bastón.

He aquí el caso de Marie-Madeleine M…, 26 meses: los dos miembros inferiores, el brazo derecho y el hombro derecho completamente paralizados. En 15 días trota como antes y puede servirse de su brazo, quedando sólo el hombro inutilizado. En su carta de agradecimiento, el padre declara que la enfermedad que se ocupa de la reeducación por mecanoterapia “no ha visto nunca recuperar tan rápidamente los miembros inferiores paralizados como consecuencia de esta enfermedad”.

He aquí el caso de Jean-Yves M…, 20 meses, paralítico totalmente de la pierna izquierda, e incapaz de mantenerse de pie, de andar o de sentarse. Quince días después del tratamiento de magnesio, puede andar sin que esté nadie junto a él para vigilarle; puede sentarse, agacharse. Dos meses más tarde está curado y no conserva más que una ligera debilidad de la pierna izquierda. Su madre escribe al Dr. Neveu: “Le estoy infinitamente reconocida por haber salvado a mi hijito y es lástima que su tratamiento no sea más conocido, lo que evitaría muchas desgracias.”

 

Estas espectaculares curaciones no son, en cierto modo, más que la prolongación, la confirmación de otras curaciones tan asombrosas obtenidas por le Dr. Neveu y varios de sus colegas en el dominio de las enfermedades infecciosas.

Entre éstas, la difteria ocupa un puesto destacado. Después de haber registrado su primer éxito debido al azar (recuérdese las circunstancias: al hacer tomar cloruro de magnesio a la pequeña Ghislaine, el médico de Charente no pretendía más que evitarle el choque anafiláctico del suero antidiftérico que le iba a administrar y no curarla), el Dr. Neveu usa la misma técnica en otros pacientes con difteria y comprueba los mismos resultados.

No insistiré sobre sus tentativas de dar a conocer su tratamiento al conjunto de sus colegas. Me limitaré a señalar que no es sino hasta 1944, en el momento en que la escasez del suero hacía temer lo peor, cuando una revista profesional acepta publicar un artículo en el que expone su método y resume sus observaciones…

A continuación de esta nota, recibe numerosas cartas de médicos que le comunican los excedentes resultados que han tenido con el tratamiento que él les ha revelado. Es el balance de las experiencias de estos médicos y de las suyas propias, lo que expone en las “Jornadas terapéuticas internacionales”, en cuyo programa consta “el estudio de las propiedades farmacológicas y terapéuticas del magnesio”.

En definitiva (dice, después de haber presentado su estadística), se llega a 58 éxitos de 61 casos tratados, o sea el 95 % de éxitos a favor del método citofiláctico del tratamiento de la difteria por el cloruro de magnesio.

De hecho, el éxito se establece en el 100 %, pues por escrúpulo intelectual, no ha querido incluir en su cuadro a tres diftéricos que habían sido tratados con cloruro de magnesio, pero que habían recibido también suero.

Ahora bien, por un concurso de circunstancias sobre el que creo inútil extenderme, su comunicación sufrió un curioso destino en el volumen que reunió las conferencias pronunciadas en el curso de esta manifestación científica. Citemos, a este propósito, lo que Joseph Favier escribe en “Equilibre mineral et santé”:

“En ella se encuentra, íntegramente reproducida, toda la parte de la comunicación del DR. Neveu consagrada al tratamiento citofiláctico de las enfermedades de los animales domésticos. ¿Por qué la `parte más desarrollada por el autor, la más interesante con mucho para su auditorio del médicos, aquella en que trata de las enfermedades humanas, está condensada hasta el extremo?”

¿Por qué este resumen contiene una errata de imprenta que hace leer “en 8 casos de 61”, en lugar de “en 58 casos de 61”? ¿Por qué usa el condicional y giros como “parecen haber beneficiado”, por qué habla de “mejorías” en lugar de “curaciones”?

“El Dr. Neneu (nota Favier) se ha visto penosamente sorprendido al tener conocimiento de esta redacción que altera completamente el sentido de su comunicación.”

De este modo, la verdad, una vez más, no ha podido hacerse oír. La verdad es que el tratamiento por magnesio tienen una notable eficacia en el tratamiento de la difteria. La verdad es que todos los médicos saben que hay casos en que los diftéricos, correctamente tratados por suero, mueren a pesar de éste; que también casos en que los diftéricos mueren a causa del suero y otros en que el suero está contraindicado por diversas razones. La verdad es que en los casos muy graves, en que el suero solo, como, por otra parte, el cloruro de magnesio solo, serían insuficientes, estos dos métodos pueden, conjugando sus efectos terapéuticos, hacer posible la curación. La verdad, en fin, es que el cloruro de magnesio suprime en los convalecientes de difteria complicaciones (astenia, parálisis del velo del paladar, parálisis definitivas de los miembros superiores o inferiores) que se constatan frecuentemente con el tratamiento por suero.

¿Es esto lo que se teme dar a conocer a los médicos, or razones difícilmente justificables?

 

Pasemos ahora a las otras afecciones, en las que el cloruro de magnesio ha sido probado también, los extractos del expediente del Dr. Neveu, reproducimos en el libro de Favier, nos proporcionan un importante palmarés.

Un primer capítulo está consagrado a la “gripe y a las afecciones de las vías respiratorias.” Están reunidas en él observaciones detalladas sobre pleuro-pneumonías, pneumonías, tosferinas (“comenzada la primera tos, afirma el médico de Charente, el tratamiento de magnesio contra la tosferina; aplicado tardíamente, modera los accesos de tos violentos, ataja la enfermedad”), asma, bronquitos crónicas, enfisemas, corizas espasmódicas, fiebres del heno. Me falta espacio para citar, como quisiera, algunos de estos casos, todos concluyentes. Pero el relato siguiente, debido al mismo Dr. Neveu, dará una idea de lo que se puede esperar del tratamiento citofiláctico:

Me he encargado del servicio médico del asilo de ancianos de las Hermanitas de los Pobres en Rechefort-sur-Me, durante 17 años, desde 1923 hasta 1939.

“La cuarta parte de los 160 ancianos recogidos, aproximadamente, la mayor parte físicamente miserables, moría, más pronto o más tarde, de bronconeumonía. Yo les trataba con los medicamentos usuales y por inyecciones de aceite alcanforado en altas dosis que, decía la Hermana ayudante, les prolongaba la vida, pero no los curaba.

“Así, cuando uno de estos viejos se ponía enfermo, mi amigo el Padre Fournier, capellán del asilo, le administraba los últimos sacramentos, sabiendo, por experiencia, la gravedad de su estado. Generalmente, el anciano sucumbía en los días siguientes.

Comencé el tratamiento con magnesio en el asilo de lae Hermanitas a primeros del año 1934. Dimos a todos los enfermos fabriles la solución de cloruro de magnesio en sosis de 125 centímetros cúbicos cada seis  horas. Los resultados fueron excelentes: los enfermos curaban rápidamente.

Vino la gran epidemia de gripe de 1934-1935. Los viejos fueron contaminados todos poco a poco, y todos tomaron la solución del cloruro de magnesio. “Este medicamento les quita la fiebre”, decía la buena Madre. Los que tuvieron bronco-pneumonía gripal recibieron el mismo tratamiento; además, les hice continuar con las inyecciones de aceite alcanforado. Se curaron todos, en el espacio de 3 a 5 días.

En el mes de mayo de 1935, al final de la epidemia, no habíamos perdido un solo enfermo de bronco-pneumonía gripal, mientras que la mortalidad, en la ciudad, había sido muy elevada. Este contraste inesperado fue destacado en la oficina del registro civil de la alcaldía. “Antes, dijo la Hermana ayudante, esta epidemia se nos hubiera llevado a la mitad de nuestros pobres viejos.”

Evoco aquí un recuerdo que justifica lo que acabo de escribir: el Padre Fournier cesó de administrar los últimos sacramentos a los enfermos de bronco-pneumonía, al ver que no estaban ya en peligro de muerte cuando eran tratados con cloruro de magnesio.”

En este mismo capítulo, el Dr. Neveu precisa también puertos puntos importantes: 1º el método de la mineralización magnésica es bueno a título preventivo contra las infecciones de las vías respiratorias en dosis de 125 centímetros cúbicos de la solución, por la mañana y por la noche; 2º la coriza, o reuma del cerebro, cogida en su comienzo, desaparece casi inmediatamente por la absorción de una sola dosis de 125 centímetros cúbicos; 3º el vulgar dolor de garganta, la ronquera, la angina común, ceden rápidamente, también, al tratamiento de magnesio (125 centímetros cúbicos de la solución, cada 6 horas); “no hay, dice, por lo que yo conozco, terapéutica mejor, ni más rápida, ni más cómoda”; 4º respecto al asma, la bronquitis crónica y el enfisema, declara: “He obtenido éxitos verdaderamente asombrosos en enfermos que había agotado, sin ningún resultado, todos los recursos de la terapéutica clásica, que había hecho varias curas terminales, haciéndoles absorber, por la mañana y por la noche, 125 centímetros cúbicos de la solución de cloruro de magnesio durante 20 días, renovando este tratamiento tantas veces como su estado hacía necesario.”

 

El segundo capítulo trata de las afecciones de otros apartados, démosle una ojeada:

Fiebre puerperal: “El temible estreptococo hemolítico de la fiebre puerperal (afirma el Dr. Neveu) no sería más que una vulgar saprofitis inofensiva si a la futura parturienta se le hiciera seguir el tratamiento de magnesio, antes o inmediatamente después del parto. Cuando el estreptococo entra en escena después del parto (y ya se sabe de qué desordenes orgánicos es capaz), el tratamiento de magnesio detiene su desarrollo.” Los testimonios de dos comadronas que aplican su método confirman sus declaraciones: “He tenido grandes éxitos con el cloruro de magnesio y lo uso mucho” proclama una de ellas.

Panadizo: Esta afección se cura en unos días con el tratamiento de magnesio, sin incisión e incluso cuando es visible un foco de linfagitis. “Pero, subraya el médico de Charente, ho obtenido, sobre todo, resultados extremadamente interesante en los graves desórdenes causados en el organismo por inyecciones sépticas que no determinan ninguna reacción ni supuración en el punto dañado: los enfermos están fuera de peligro 24 horas después del comienzo del tratamiento.”

Absceso, ántrax, forúnculos: El tratamiento de magnesio se opone a su evolución al comienzo de su formación. “Varios enfermos forunculosis, dice el Dr. Neveu, y que habían probado todo en vano, comprendida la vacunoterapia, han sido curados por el tratamiento siguiente: 125 centímetros cúbicos de la solución por la mañana y por la noche, durante 20 días.” Para un ántrax, él preconiza una dosis de 125 centímetros cúbicos cada 6 horas y curas húmedas: los dolores se atenúan rápidamente, y la curación se obtiene en 15 días.

Intoxicación por alimentos: Una sola dosis de 125 centímetros cúbicos pone fin a los síntomas mórbidos (estado sincopal, diarrea, vómitos incesantes).

Dermatosis: 125 centímetros cúbicos de la solución magnésica, por la mañana y por la noche, durante 4 días, llevan a la curación. A partir del segundo día, cesan los picores.

Eczema: Bien sea crónico y de varios años o palmar profesional, cede en un plazo que varía de 15 a 20 días, después de la absorción por la mañana y por la noche de una dosis de 125 centímetros cúbicos.

En fin, los tres últimos capítulos están consagrados a la poliomielitis (sobre la que no volveré), a la neuro-toxi-infección y diarrea verde epidémica del lactante y a diversas enfermedades infecciosas más. También aquí los resultados son probatorios.

Mientras que la neuro-toxicosis supone en los pequeños enfermos un pronóstico grave y una mortalidad elevada, gracias al cloruro de magnesio y a un régimen especial, el Dr. Neveu no ha registrado más que una sola muerte entre 40 casos tratados. Por lo que se refiere a las demás enfermedades infecciosas (erisipela, osteomielitis, escarlatina, sarampión, paperas) las curaciones son siempre muy rápidas. “En particular, precisa, he constatado éxitos extremadamente interesantes en la erisipela, así como en la osteomielitis. Ninguno de los enfermos a los que yo he tratado por osteomielitis, ha tenido que sufrir la intervención quirúrgica. Todo ha vuelto al orden  con el cloruro de magnesio.

Y, para sus colegas, añade este importante detalle: “El temor de ocasionar una nefritis no debe impedir el uso del cloruro de magnesio. Yo no lo he observado en los numerosos enfermos a los que he hecho seguir el tratamiento de magnesio.”

Sería necesario, ahora, hacer las preguntas que con tanta frecuencia han venido a mi pluma: preguntar por qué, a despecho de su eficacia, el método citofiláctico no es usado; por qué se guarda silencio sobre los trabajos del profesor Delbet (1) y del Dr. Neveu. Pero ya se conocen las respuestas. Cabe en dos palabras: conformismo e interés.

El tratamiento del magnesio tiene, efectivamente dos defectos: el de tratar las concepciones clásicas, ya que triunfa de las enfermedades no atacando directamente al microbio, sino aumentando los medios de defensa natural del organismo; y el todavía mayor de ser demasiado barato…

 

 

  1. Es sintomático señalar a este respecto que en el largo artículo necrológico que una de las principales revistas especializadas francesas consagró a Pierre Delbet, los trabajo de éste sobre el cloruro de magnesio y la citofilaxia no ocupan más que algunas líneas. Era difícil no mencionarlos, pero se las arreglaron para minimizar su alcance y para dejar surgir la duda en cuanto a sus interés terapéutico…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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