Besant

ANNIE  BESANT

            Annie Besant (1847-1933) estudió Derecho y organizó en Inglaterra la primera huelga con éxito defendiendo a trabajadoras que estaban expuestas a productos químicos que les hacían perder los dientes y el cabello. Bernard Shaw dijo de ella que era “la más grande oradora de Inglaterra y posiblemente de Europa.”

            Su defensa de los derechos de las mujeres, sus cualidades oratorias y el hecho de haber sido la primera mujer en Inglaterra que se defendió en un tribunal de justicia, cosa en aquel tiempo impensable, la convirtieron en la mujer más famosa de Inglaterra.

            Un día, W. T. Stead, editor de Pall Mall Gazette, le da a Annie, para que lo revisara, el libro La Doctrina Secreta de madame Blavatsky. Después de leerlo deja de ser atea y el 10 de mayo de 1899 tiene una entrevista con la autora del libro y le pide que la admitiera como alumna suya. Halagada por tener a la mujer más famosa de Inglaterra a sus pies, y dándose cuenta de que, debido a su mala salud, sus días como líder de la Sociedad Teosófica estaban contados, madame Blavatsky se dispuso a proponer a Annie como su sucesora.

            Viaja a la India y usa su oratoria y su posición como presidenta de la Sociedad Teosófica para luchar por la independencia de la India. Esto origina que Lord Pentlond, gobernador de Madras, por fomentar el nacionalismo hindú, la encarcelara durante tres meses, en 1916, en la estación de Ostacamund, cuando tenía 70 años.

Annie, a pesar de que tenía muchos amigos vegetarianos, ella no lo era, pero el año que conoce a madame Blavatsky, decide serlo. Veamos algunas palabras de Annie Besant sobre el vegetarianismo:

“La masacre organizada y sistemática de los animales, en los mataderos, las matanzas que la pasión por los deportes provoca, lanzan cada año, en el mundo astral, millones de seres llenos de horror, de espanto, de aversión por el hombre.”

            “La gente (que come carne) es responsable del dolor que deriva de comer carne, y es exigido por el uso de animales sensibles como comida; no sólo los horrores del matadero, sino también los horrores preliminares del tráfico ferroviario, del tráfico de buques y de barcos; todo el hombre y la sed, y el prolongado sufrimiento de terror por el que estas infelices criaturas tienen que pasar para traficar el apetito del hombre… Todo dolor actúa como un registro en contra de la humanidad, y disminuye y retarda el crecimiento humano…”

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