Hombres de edad dorada y de kaliyuga

HOMBRE  DE  LA  EDAD  DORADA: En la Edad Dorada el hombre era espiritual y por lo tanto tenín como grandes valores el amor, el respeto, el ahimsa, la responsabilidad, la colaboración, la unidad, etc. y era noble, virtuoso, bondadoso, agradecido, altruista, sincero, respetuoso, fiel, de palabra, honrado y tenía coherencia entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace. Por tener estas cualidades, la relación entre hombres de edad dorada es sencilla y entre ellos hay paz, armonía, colaboración, etc.

Cervantes habla de los hombres de la Edad Dorada y del Kaliyuga en el capítulo XI de la primera parte de El Quijote con motivo de que unos humildes cabreros invitaron a comer a Sancho Panza y a don Quijote quien mirando unas bellotas les dijo:

“Dichosa edad y dichosos siglos aquellos a que los antiguos pusieron nombre de dorados; y no porque en ellos el oro (que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima), se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano, y alcanzarle de las robustas encinas que liberalmente le estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquier mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo... Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aun no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía por todas partes de su fértil y espacioso seno lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían… No había el fraude, el engaño, ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interés, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar ni quien fuese juzgado. Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por dondequiera, solas y señoras, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento las menoscabasen, y su perdición nacía de su gusto y propia voluntad.”

HOMBRE  KALIYUGA: Por el contrario el hombre kaliyuga es egoísta, desagradecido, vicioso, cruel, malvado, traidor, mentiroso, ladrón, ingrato, infiel, irrespetuoso, etc. Entre hombres kaliyuga, donde cada uno va a apropiarse de los ajeno, en el mejor de los casos, hay desconfianza, competitividad, mentiras, etc. y en el peor, hay robos, violaciones, peleas, crímenes, etc.

El hombre kaliyuga es materialista, egoísta, desagradecido, cruel, vicioso, etc. y el dinero tiene lugar destacado lo cual conduce a la división que origina competitividad, explotación, envidias, venganzas, revoluciones, guerras, falta de respeto, etc. La edad del Kaliyuga es de sufrimiento porque la mayoría de los hombres son Kaliyuga y sobre este hombre han hablado destacados personajes. Así, por ejemplo, dice Hesiodo:

“El hombre justo, o el buen hombre, o el que respeta su juramento, no hallarán favor, sino que antes será honrado el que hace el mal y el orgulloso insolente. La razón se basará en la fuerza de la mano y la verdad no existirá más.”

Jesús fue un hombre de edad dorada y sus enseñanzas fueron dirigidas para que los hombres fueran también de edad dorada, pues dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt 5, 48). Jesús criticó duramente a los hombres kaliyuga y a ellos les dijo (Mt 23):

“¡ Mas ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.

!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.

!Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, el anís y el comino y no hacéis lo más importante de la Ley, es decir justicia, misericordia y tener fe! Esto se debería hacer y aquello no habría que dejarlo de hacer. ¡Guías ciegos, que coláis mosquitos y os tragáis camellos!

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, que por dentro están llenos de extorsión y excesos! ¡Fariseo ciego, limpia primero por dentro la copa y el plato, de manera que también el exterior quede limpio!

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que os parecéis a sepulcros blanqueados, hermosos por fuera, más por dentro llenos de huesos de muertos y de toda clase de inmundicia! De modo que también vosotros externamente parecéis honestos a los hombres, mas por dentro estáis llenos de hipocresía y simulación.”

Cervantes, continuando su relato sobre los hombres de las edades ya mencionado, se refiere a la falta de respeto de los hombres kaliyuga a la virginidad de las mujeres en esta edad:

“Y ahora, en estos nuestros detestables siglos, no está segura ninguna, aunque la oculte y cierre otro nuevo laberinto como el de Creta; porque allí, por los resquicios o por el aire, con el celo de la maldita solicitud se les entra la amorosa pestilencia, y les hace dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la Orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar a las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos…”

Leonardo de Vinci (1452-1519) en uno de sus cuadernos dice del hombre kaliyuga:

“Se verán sobre la tierra  seres que siempre están luchando unos contra otros con grandes pérdidas y frecuentes muertes en ambos bandos. Su malicia no tendrá límite. Con su fortaleza corporal derribarán los árboles de las selvas inmensas del mundo. Cuando se sientan hartos de alimentos, se acción de gracias consistirá en repartir muerte, la aflicción, el sufrimiento, el terror y el destierro a toda criatura viviente. Su ilimitado orgullo les llevará a desear encumbrarse hasta el cielo, pero el excesivo peso de sus miembros les mantendrá aquí abajo. Nada de lo que existe sobre la tierra, debajo de ella o en las aguas quedará sin ser perseguido, molestado y estropeado, y lo que existe en un país será traspasado a otro. Sus cuerpos se convertirán en tumbas de todos los seres que ellos mismo han matado.”

“Los metales saldrán de oscuras y lóbregas cavernas y pondrán a la raza humana en un estado de gran ansiedad, peligro y confusión… ¡Qué monstruosidad! ¡Cuánto mejor sería para los hombres que los metales volvieran a sus cavernas! Con ellos, la inmensas selvas serán arrasadas de sus árboles y por su causa perderán la vida infinito número de animales.”

Estas palabras muestran que Leonardo profetizó lo que lamentablemente hoy es realidad: el hombre ha hecho desaparecer especies de plantas y de animales, ha sembrado la muerte a infinidad de animales y de seres humanos, ha destruido selvas, ha contaminado, destrozado, molestado, etc.

John Milton (1608-1674) también habla del hombre kaliyuga en El paraíso perdido donde lo expone como un hombre entregado a los vicios, alejado de Dios y de la naturaleza y por esto merecedor de enfermedades horribles y de dolorosa muerte (pág. Xxxxxxx).

León Tolstoi (1828-1910) describe a los hombres kaliyuga que encontró en de San Petersburgo:

“He adquirido la convicción de que casi todos eran hombres inmorales, malvados, sin carácter, muy inferiores al tipo de personas que yo había conocido en mi vida bohemia militar. Y estaban felices y contentos, tal y como puede estarlo la gente cuya conciencia no los acusa de nada.”

Pero para mi, sin lugar a dudas, quien considero que mejor conoció y describió al hombre kaliyuga fue Nicolás Maquiavelo (1469-1527), especialmente en su libro El Príncipe, libro dedicado a Lorenzo de Médicis (1492-1519), duque de Urbino. Maquiavelo es considerado como el padre de las ciencias políticas y de él procede la palabra “maquiavelismo” que puede definirse de varias formas:

1 - Doctrina política que antepone la razón de Estado a cualquier otra razón de carácter ético o moral.

2 - Modo de proceder que se caracteriza por la astucia, hipocresía y engaño para conseguir lo que se desea.

3 – Teoría moral y política que lo subordina todo, incluidos los principios éticos o morales, al principio de eficacia política.

Y sobre la relación de un hombre de edad dorada con hombres kaliyuga Maquiavelo dijo:

“Un hombre que quiere ser bueno entre tantos que no lo son labrará su propia tumba.”

“Hay que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos.”

“Es de gran importancia disfrazar las propias inclinaciones y desempeñar bien el papel de hipócrita.”

“… es central saber disfrazar bien las cosas y ser maestro en el fingimiento…”

Veamos el concepto que tiene Maquiavelo del hombre kaliyuga:

“En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.”

“Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.”

“Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.”

“De los hombres en general puede decirse que son ingratos, volubles, simulan lo que no son y disimulan lo que son, huyen del peligro y están ávidos de riquezas.” (Capítulo XVII)

“Los hombres olvidan más fácilmente la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.”

“Los hombres son siempre malos, a no ser que se les obligue por la fuerza a ser buenos.”  (Capítulo XXIII)

“Los hombres son ingratos, frívolos, mentirosos, cobardes y codiciosos; mientras uno los trate bien lo apoyan ... pero cuando uno está en peligro se vuelven contra él.”

He encontrado solo una vez en que Maquiavelo habla bien del hombre y esta frase:

“Cuando oigo que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él.”

O sea, parece que Maquiavelo relaciona la cultura con la bondad.

Si complicado y difícil es la relación con un hombre kaliyuga, más complicado y difícil es gobernar a esos hombres. Si el gobernante es de edad dorada, los hombres kaliyuga no atenderán sus razonamientos, su ejemplo virtuoso lo verán como un defecto, se burlarán de sus buenas palabras y harán lo que estos hombres saben hacer, o sea, mentir, robar, abusar, explotar, etc. y el reinado será un desastre y un caos y el gobernante será despreciado, mal visto por todos y perderá autoridad y gobierno. Luego un hombre de edad dorada no sirve para gobernar a hombres kaliyuga y Maquiavelo lo  explica con estas palabras:

“Siendo mi fin hacer indicaciones útiles para quienes las comprendan, he tenido por más conducente a este fin seguir en el asunto la verdad real, y no los desvaríos de la imaginación, porque muchos concibieron repúblicas y principados, que jamás vieron, y que sólo existían en su fantasía acalorada. Hay tanta distancia entre saber cómo viven los hombres, y cómo debieran vivir, que el que para gobernarlos aprende el estudio de lo que se hace, para deducir lo que sería más noble y más justo hacer, aprende más a crear su ruina que a reservarse de ella, puesto que un príncipe que a toda costa quiere ser bueno, cuando de hecho está rodeado de gentes que no lo son no puede menos que caminar hacia un desastre. Por eso, es necesario que un príncipe que desee mantenerse en su reino, aprenda a no ser bueno en ciertos casos, y a servirse o no servirse de su bondad, según que las circunstancias lo exijan.” (Capítulo XV)

Maquiavelo pone este ejemplo en el capítulo XIX de El príncipe:

“Alejandro Severo era un hombre de bondad tamaña, que, entre las demás alabanzas que se le prodigaron, se encuentran las de que, en los catorce años que reinó, no hizo morir a nadie sin juicio. Empero, habiéndose conjurado en contra suya el ejército, pereció a sus golpes, por haberle tornado despreciable su fama de hombre de genio débil, y que se dejaba gobernar por su madre.            ”

A los hombres de edad dorada se les gobierna con razonamientos, con el ejemplo, con la bondad, pues estos hombres comprenden y actúan de buena fe. En cambio a los hombres kaliyuga no valen esos motivos, ha ellos hay que gobernarlos con el  miedo y además estos hombres, al ir cada uno a lo suyo y su egoísmo les impide unirse, un gobernante puede usar esta circunstancia para manipularlos y explotarlos y para ello deberá darle vicios y pasatiempos que les impida ver y protestar de su situación.

Maquiavelo describe cómo se ha de gobernar al hombre kaliyuga en su libro El Príncipe. Dice que el gobernante (que Maquiavelo llama ”el príncipe”) no debe ser de la edad dorada sino que debe ser también kaliyuga, o mejor aún, aconseja que el gobernante debe ser más kaliyuga que los hombres kaliyuga que gobierna y cuando las circunstancias lo requieren, debe prometer y no cumplir, mentir, robar, ser despiadado, cruel e hipócrita, etc. más debe aparentar ser lo contrario de lo que es, o sea, siendo kaliyuga debe aparentar ser de la edad dorada y por lo tanto debe aparentar ser bondadoso, justo, honrado, sincero, etc. y al hablar exaltar la justicia, la bondad, el honor, la palabra dada, la verdad, etc. En resumen el gobernante teniendo mala fe debe tener la astucia para aparentar buena fe.

De esta forma en su gobierno habrá orden y eficacia. Veamos lo que dice Maquiavelo sobre este tema:

“Divide para reinar.”

“Si bien el príncipe debe persuadir al pueblo, convencerlo, también debe usar la fuerza, porque cuando ya no le crean se le puede hacer creer por la fuerza…”

“La crueldad está bien usada cuando se le usa una sola vez por la necesidad de afianzar el poder y después no se repite…”

“Castigar a uno o dos transgresores para que sirva de ejemplo es más benévolo que ser demasiado compasivo.”

“El príncipe debe hacer uso del hombre y de la bestia: astuto como un zorro para evadir las trampas y fuerte como león para espantar a los lobos.”

“Un gobernante eficaz no debe tener piedad.”

“Todos los Estados bien gobernados y todos los príncipes inteligentes han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento.”

“Un príncipe. . . jamás predica otra cosa que concordia y buena fe; y es enemigo acérrimo de ambas, ya que, si las hubiese observado, habría perdido más de una vez la fama y las tierras.”

“… Y aquí se presenta la cuestión de saber si vale más ser temido que amado. Respondo que convendría ser una y otra cosa juntamente, pero que, dada la dificultad de este juego simultáneo, y la necesidad de carecer de uno o de otro de ambos beneficios, el partido más seguro es ser temido antes que amado… Los hombres se atreven más a ofender al que se hace amar, que al que se hace temer, porque el afecto no se retiene por el mero vínculo de la gratitud, que, en atención a la perversidad ingénita de nuestra condición, toda ocasión de interés personal llega a romper, al paso que el miedo a la autoridad política se mantiene siempre con el miedo al castigo inmediato, que no abandona nunca a los hombres.” (Capítulo XVII)

“Es necesario que el príncipe sepa que dispone, para defenderse, de dos recursos: la ley y la fuerza. El primero es propio de hombres, y el segundo corresponde esencialmente a los animales. Pero como a menudo no basta el primero es preciso recurrir al segundo. Le es, por ende, indispensable a un príncipe hacer buen uso de uno y de otro, ya simultánea, ya sucesivamente.” (Capítulo XVIII)

“No hace falta que un príncipe posea todas las virtudes de que antes hice mención, pero conviene que aparente poseerlas. Hasta me atrevo a decir que, si las posee realmente, y las practica de continuo, le serán perniciosas a veces, mientras que, aun no poseyéndolas de hecho, pero aparentando poseerlas, le serán siempre provechosas. Puede aparecer manso, humano, fiel, leal, y aun serlo. Pero le es menester conservar su corazón en tan exacto acuerdo con su inteligencia que, en caso preciso, sepa variar en sentido contrario. Un príncipe, y especialmente uno nuevo, que quiera mantenerse en su trono, ha de comprender que no le es posible observar con perfecta integridad lo que hace mirar a los hombres como virtuosos, puesto que con frecuencia, para mantener el orden en su Estado, se ve forzado a obrar contra su palabra, contra las virtudes humanitarias o caritativas y hasta contra su religión. Su espíritu ha de estar dispuesto a tomar el giro que los vientos y las variaciones de la fortuna exijan de él, y, como expuse más arriba, a no apartarse del bien, mientras pueda, pero también a saber obrar en el mal, cuando no queda otro recurso. Debe cuidar mucho de ser circunspecto, para que cuantas palabras salgan de su boca, lleven impreso el sello de las virtudes mencionadas, y para que, tanto viéndole, como oyéndole, le crean enteramente lleno de buena fe, entereza, humanidad, caridad y religión... Cada cual ve lo que el príncipe parece ser, pero pocos comprenden lo que es realmente y estos pocos no se atreven a contradecir la opinión del vulgo, que tiene por apoyo de sus ilusiones la majestad del Estado que le protege. En las acciones de todos los hombres, pero particularmente en las de los príncipes, contra los que no cabe recurso de apelación, se considera simplemente el fin que llevan. Dedíquese, pues, el príncipe a superar siempre las dificultades y a conservar su Estado. Si logra con acierto su fin se tendrán por honrosos los medios conducentes a mismo, pues el vulgo se paga únicamente de exterioridades y se deja seducir por el éxito. Y como el vulgo es lo que más abunda en las sociedades, los escasos espíritus clarividentes que existen no exteriorizan lo que vislumbran hasta que la inmensa legión de los torpes no sabe ya a qué atenerse. En nuestra edad vive un príncipe que nunca predica más que paz, ni habla más que de buena fe, y que, de haber observado una y otra, hubiera perdido la estimación que se le profesa, y habría visto arrebatados más de una vez sus dominios. Pero creo que no conviene nombrarlo.” (Capítulo XIX)

Luego para Maquiavelo, un gobernante para gobernar a hombres kaliyuga, si sólo usa la bondad, la justicia, la coherencia, etc. su gobierno será un caos y perderá el poder, pero si sabe usar la hipocresía, el incumplimiento de la palabrada dada, la maldad, la crueldad, la injusticia, etc. en los momentos oportunos y sabe aparentar ser bondadoso, caritativo, noble, justo, etc., controlará a los hombres kaliyuga y los sabrá gobernar.

Tampoco un gobernante kaliyuga sirve para gobernar a hombres de la edad dorada, y esto lo dice Maquiavelo con estas palabras:

“De manera que, ya que se ve obligado a comportarse como bestia, conviene que el príncipe se transforma en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos. Los que sólo se sirven de las cualidades del león demuestran poca experiencia. Por lo tanto, un príncipe prudente no debe observar la fe jurada cuando semejante observancia vaya en contra de sus intereses y cuando hayan desaparecido las razones que le hicieron prometer. Si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son perversos, y no la observarían contigo, tampoco tú debes observarla con ellos. Nunca faltaron a un príncipe razones legitimas para disfrazar la inobservancia. Se podrían citar innumerables ejemplos modernos de tratados de paz y promesas vueltos inútiles por la infidelidad de los príncipes. Que el que mejor ha sabido ser zorro, ése ha triunfado. Pero hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular. Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar.”

“Un gobernante prudente no debe cumplir lo que promete cuando ello vaya en contra de sus intereses, ni cuando ya no existan las razones que lo llevaron a comprometerse…. Jamás han faltado excusas legítimas a un príncipe que deseara incumplir honorablemente su promesa”.

Observemos que Maquiavelo distingue el hombre kaliyuga del de la edad dorada y dice (o insinúa) que a ambos hay que gobernarlos de distinta forma, y como estamos en el kaliyuga, no tenía sentido que hablara de cómo gobernar a hombres de edad dorada sino a hombres kaliyuga.

Maquiavelo escribió lo que antes ningún otro escritor había escrito y fue lo que hacen los gobernantes para llegar al poder y mantenerse en él, pues no solo lo vio y vivió (incluso de cerca, dado que trabajó de secretario de gobernantes y de diplomático) crueldades, traiciones, incumplimiento de la palabra, etc. y además vio o intuyó que la bondad, la lealtad, el honor, etc. conducían a los gobernantes al desastre y al pueblo al caos, luego incluso justificó las acciones reprobables y de esta justificación surgió el adjetivo “maquiavélico” como considerar actos reprobables como necesarios y justificables. De esta forma, según dijo Maquiavelo: “el que consigue el poder es el príncipe, el que consigue el orden y la paz son los súbditos.” Goethe (1749-1832) parece estar de acuerdo con Maquiavelo pues dijo: “Prefiero la injusticia al desorden”.

En resumen, para Maquiavelo, “el fin justifica los medios”, frase que no dijo aunque erróneamente se le ha atribuido.

Para Maquiavelo el hombre vulgar que forma el pueblo, ve solo las apariencias, no la realidad, de aquí que deduzca que sea fácil engañarlo. Para él, el hombre es perverso, egoísta, preocupado de su propia seguridad y por aumentar su poder sobre los demás. Dado este concepto del hombre kaliyuga, deduce que para gobernarlos no sirven los razonamientos, el buen ejemplo, la ética, antes al contrario, estos serán problemas que originarán que el gobernarte pierda el poder y será sustituido por otro que use la astucia, el engaño, la injusticia, la traición, la deslealtad e incluso el asesinato y bien usadas esas “virtudes” conseguirá dominar al pueblo que vivirá en orden y en paz pues el miedo al castigo impedirá la violencia humana. Maquiavelo sostiene que el fin importa más que los medios, por lo tanto el gobernante no debe tener virtudes pero si aparentarlas.

Si el príncipe es débil, debe recurrir a la astucia mejor que a la fuerza y no ser esclavo de su palabra, sino de su conveniencia. Afirmó, pues, que “la fuerza es justa cuando es necesaria” y que “si puedes matar a tu enemigo, hazlo; si no, hazte amigo suyo”.

La crueldad inteligente, para Maquiavelo, puede ser un atributo del buen gobierno cuando el monarca necesita asentar su autoridad, a fin de evitar el mal mayor del desgobierno.

La teoría política de Maquiavelo parte del análisis de los problemas que plantea la creación y mantenimiento de un Estado moderno, proponiendo soluciones prácticas, basadas en un nuevo concepto de virtud (al margen de la moral cristiana de la época), que le lleva a considerar válido todo recurso que permita sacar provecho de la fuerza y habilidad del gobernante, pudiendo recurrir incluso a la crueldad y al engaño para imponerse a sus enemigos.

El príncipe o el gobernante, tiene como misión la felicidad de sus súbditos y ésta sólo se puede conseguir con un Estado fuerte. Para conseguirlo tendrá que recurrir a la astucia, al engaño y, si es necesario, a la crueldad. La virtud fundamental es la prudencia, para la conveniencia del Estado. Si el interés de la patria exige traición o perjurio, se comete. “La grandeza de los crímenes borrará la vergüenza de haberlos cometido”. Los medios no importan: no es necesaria la moral, sino un realismo práctico, no lo que debe ser, sino lo que es en realidad. Política y moral son dos ámbitos distintos e incluso contradictorios.

Para Maquiavelo lo que vale es el resultado y no la ética y el gobernante debe poseer astucia, destreza, intuición y tesón, así como habilidad para sortear obstáculos, y “moverse según soplan los vientos”.

Diestro en el engaño: No debe tener virtudes, solo aparentarlas.

Amoral, indiferencia entre el bien y el mal, debe estar por encima.

Los príncipes y los conquistadores usaron la mala fe, la perfidia, la falsedad, la crueldad y el asesinato para llegar al poder y conservarlo, tener éxito, satisfacer su ambición y codicia.

La inmoralidad es la ley de la política.

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