Historia de las vacunas

 

Los medios informativos dominantes, el gobierno, los estudios, los médicos, los profesores, etc. informan de lo maravillosas que son las vacunas las cuales, según dicen, han salvado millones de vidas y ha sido un progreso de la medicina que ha erradicado enfermedades mortales que azotaban a la humanidad en siglos pasados y que hoy, gracias a su protección no causan daño, por lo tanto esto es un avance del cual podemos sentirnos orgullosos, y además, como prueba contundente, las estadísticas muestran los maravillosos efectos de las vacunas. Incluso varias ONG, especialmente UNICEF, realiza grandes campañas de vacunación en el mundo y en su web afirma: “Aproximadamente el 29 % de las muertes de niños menores de cinco años se pueden evitar con la vacunación.”Y la sociedad está tan maravillada con las vacunas que la considera mejor y más necesarias que los alimentos, por lo menos si tenemos en cuenta lo publicado en lo declarado en El País del 21 de abril de 1978, donde Fernand Delarue dice:

“… cuando el hambre terrible de Biafra, la solidaridad internacional recogió muchos millones de dólares, dedicados a alimentar a los niños que morían de hambre. Cuando se me ocurrió examinar las cuentas observé que más de la mitad de ese dinero se había dedicado a vacunas contra la viruela y la rubeola. Se morían de hambre, pero se les vacunaba.”

Pero, ¿es cierta la afirmación de UNICEF? ¿Son ciertas tantas maravillas de las vacunas y son tan buenas como nos lo han contado? ¿Es cierto que mejor es vacunar que alimentar? ¿Es cierto que una vez vacunada una persona no adquiere la enfermedad que presuntamente protege? ¿Las vacunas carecen de efectos secundarios? ¿No hay médicos que se oponen a las vacunas? Y si los hay ¿qué dicen estos médicos? ¿De qué están hechas las vacunas? ¿No hay alternativas a las vacunas? ¿Las estadísticas que muestran los buenos efectos de las vacunas están manipuladas? ¿Las vacunas son realmente maravillosas o no protegen y son un engaño a la población, e incluso a los médicos, para quienes las fabrican y venden haciendo un sucio negocio? Sobre esta última pregunta Alfredo Embid dice en su libro Medicinas Blandas. Antimedicina:

“… Por ejemplo, el Dr. Anthony Morris (director de la investigación sobre virus de la Food and Drugs Administración, FDA) al que se le encargó en 1976 hacer los tests de las vacunas contra la gripe porcina. Desgraciadamente para el gobierno (y para él) sus trabajos demostraron que la eficacia del producto era insignificante en comparación con los riesgos que presentaba. Se le intentó comprar con una renta de por vida de 17.000 dólares al año y como no aceptó, se le quitó su cargo, se destruyeron sus trabajos y los animales de experimentación que usaba. Las vacunas fueron aprobadas por su sucesor y originaron centenares de muertes en todo el mundo.”

Empecemos por la historia de las vacunas: la primera de todas se debe al Dr. Eward Jenner (1749-1823), médico inglés que en 1796 inventó la vacuna de la viruela. Al Dr. Jenner se le erigieron estatuas en varias ciudades, el parlamento inglés en 1802 le concedió una recompensa de 10.000 libras y otra de de 20.000 libras en 1807. ¿Por qué tanto agradecimiento a este doctor por inventar esa vacuna? Porque en aquel tiempo esta enfermedad era muy temida pues a la viruela se le atribuyó el 9 % de las muertes en Londres desde 1731 hasta 1765.

Gandhi dice en su libro Guía de la Salud:

“El Dr. Jenner, que ha inventado la vacunación, creía que la inmunidad estaba garantizada con una sola aplicación en el brazo; pero cuando se descubrió que era inexacto, se afirmó que la vacunación en los dos brazos daría una entera seguridad. Y cuando este medio también resultó ineficaz, dijeron que los dos brazos debían procederse a la vacunación cada 7 años. Finalmente el período de inmunidad, poco a poco, se ha disminuido a 3 años. Todo esto demuestra irrefutablemente que los propios médicos no ven muy claro el asunto. En realidad, y ya lo hemos dicho antes, nada demuestra que la viruela no atacará a las personas vacunadas, o que la inmunidad sea necesariamente una consecuencia de la vacunación.”

El Boletín número 5 de la Asociación Vegetariana de Baracaldo publicó:

“Jenner después de descubrir la vacuna contra la viruela, la aplicó masivamente. El mismo Napoleón lo condecoró públicamente y fue, por ello, nombre notable y considerado benefactor de la humanidad. Pues a pesar de usar su vacuna en grandes cantidades en la gran mayoría de la población, él, Jenner, no se la quiso dar a su propio hijo. Además de no darle la vacuna para evitar la viruela, le provocó la viruela y se la hizo pasar totalmente.”

¿Por qué el Dr. Jenner no vacunó a su hijo, pese, repito, a que la viruela en aquel tiempo era una enfermedad temida? No lo sé, pero tal vez la respuesta esté en la revista puertorriqueña Salud Natural de julio de 1984 que hablando del Dr. Jenner dice:

“… aplica la vacuna a su hijo mayor y este muere a consecuencia de una T. B. (tuberculosis) que le produjo la vacuna.”

O sea, parece como si el Dr. Jenner, al ver la muerte de uno de sus hijos después de ser vacunado, considerase que era más peligroso vacunar contra la viruela que padecer esta enfermedad, por esto no vacunó a uno de sus hijos, pero entonces, ¿por qué si pensó así no lo dijo públicamente? ¿O es que para el Dr. Jenner fue más importante el dinero, la fama y los honores que sus convicciones y la salud de quienes no fueran sus hijos?

Por lo tanto el Dr. Jenner no sólo se benefició de la Humanidad sino que tenemos motivos para sospechar que se burló de ella que lo honró y lo declaró como un benefactor.

Y del principio de la Historia de las Vacunas, pasemos al siglo XX, concretamente al sida, pero ¿qué tiene que ver la vacuna con el sida? La farmacéutica Carmen Colón de Jorge en la mencionada revista Salud Natural de noviembre-diciembre de 1987 dice:

“La Organización Mundial de la Salud posiblemente sea la responsable de la explosión epidémica del sida desatada en el mundo. En su empeño por erradicar la viruela en África Central implantó una campaña de vacunación, que precisamente coincide con índices más elevados de sida y se explican como sigue según se llevaron a cabo en 1974:

1 – Zaire, al tope de la lista con 36 millones de personas vacunadas contra la viruela.

2 – Zambia: segundo de la lista con 19 millones de personas vacunadas contra la viruela.

3 – Tanzania: tercero de la lista de sida con 15 millones de vacunados contra la viruela.

4 – Uganda: cuarto de la lista de sida con 11 millones de vacunados contra la viruela.

5 – Malawai: con 8 millones de vacunados contra la viruela.

6 – Ruanda: sexto de la lista de sida con 3,2 millones de vacunados.

7 – Burundi: último de la lista de sida con 3,3 millones de vacunados contra la viruela.

            Como puede ver, esto no es una mera presunción, es un asunto muy serio al que no se le ha dado publicidad por lo que implica.

Para más realidad en este asunto tenemos el hecho de que Brasil fue el único país de América incluido en esta campaña de vacunación realizada por la Organización Mundial de la Salud en 1974 y es precisamente Brasil el país americano con más alta incidencia de sida.”

Y aun hay más, y es que el Dr. Robert Gallo, del Instituto Norteamericano del Cáncer, supuesto descubridor del virus del sida, declaró al London Times del 11 de mayo de 1987:

“La relación entre el programa de vacunación de la OMS en su esfuerzo por erradicar la viruela de los países del tercer mundo y la epidemia de sida es una interesante hipótesis. Yo no digo que esto pase realmente, pero durante años he venido diciendo que el uso de las vacunas de virus vivos, (como la aplicada en África) puede activar un virus dormido como el del sida.”

En España el organismo que se encarga de realizar el calendario vacunal es la Asociación Española de Pediatría y en su web dice que las vacunas tienen efectos secundarios. Dice que la mayoría son leves y pasajeros pero también añade:

“Los efectos adversos más graves (reacciones anafilácticas o encefalopatía) son muy poco frecuentes (aproximadamente 1 caso de cada millón de vacunas puestas) y, como se explicó previamente, mucho menos frecuentes que los producidos por la propia enfermedad que protegemos.”

Pero pese al ocultamiento algunas personas han visto que las vacunas no son inocuas y han dudado en vacunar a sus hijos. Veamos dos cartas de dos madres preocupadas que aparecieron en revistas:

1 – Pronto, del 19 de enero de 1981 publicó:

“Cuando mi hijo tenía 8 años, le pusieron la vacuna antituberculosa, saliéndole al poco tiempo, en el sitio donde se la aplicaron, un trozo de carne crecido y rojizo. A los 14 años empezaron a salirle en la espalda, hombros y pecho, unos granos del tamaño de las aceitunas y con el mismo aspecto que la vacuna. Consultamos con un dermatólogo y después de hacerle 10 transfusiones y darle unos medicamentos, que no le hicieron nada, no nos solucionó el problema, acudimos a otro doctor y los denominó “queloides”, recetándole también un tratamiento, que como en el caso anterior, tuvo resultados nulos. Ahora tiene 18 años y algunos de los más pequeños le han desaparecido, pero todavía le quedan los grandes. ¿Me podrían explicar de qué puede tratarse y si habría forma de eliminarlos.”

El pediatra contestó: “No existe ninguna relación con la vacuna de la tuberculosis y los granos que su hijo padece en espalda…” Lo que no negó ni afirmó el pediatra fue si existía relación entre la vacuna y la anomalía aparecida en la piel en el mismo sitio en que fue vacunado.

2 – Clan TV, del 21 de mayo de 1988 publicó:

”Mi hijo acaba de cumplir un año y estoy pensando si ponerle o no la vacuna contra el sarampión. Ya sé que los médicos la recomiendan, pero yo tengo mis dudas ya que algunas madres han comentado que produce a los niños dolores de cabeza muy fuertes. ¿Vale la pena, realmente, administrar a los niños esta vacuna, o es menos arriesgado que pasen la enfermedad?”

La respuesta fue: “Sin duda alguna lo mejor es administrar la vacuna. Piense que está recomendada por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS)…”

Pero, ¿qué contienen las vacunas? Sobre este tema publicó Integral de octubre de 1979:

“Materiales que entran en la composición de las vacunas:

H. Allen (en Don´t get Stuck!) cita los siguientes:

Sangre de caballo putrefacta (para las toxinas y antitoxinas de la difteria).

Fieltros de sombreros sucios pulverizados, recogidos de los caminos y montones de basura.

Pus de llagas de animales enfermos.

Venenos metálicos.

Insectos en polvo.

Mucosidades del cuello de niños con resfriados y con tos ferina.

Materiales fecales descompuestas de enfermos de tifus.

Aguas residuales.

Orina.

Materias fecales.

Basuras.

Agua de lavar.

Pechos cancerosos macerados.

Como vemos las vacunas están hechas de porquerías, ¿y con esas porquerías  pretenden que no enfermemos? Además, la vacunación en muchos países es obligatoria lo cual va en contra de la libertad de los ciudadanos y se les presiona para que colaboren, sobre este tema expone la Dra. Ghislaine Lanctôt en su libro ¿Qué demonios he venido a hacer a esta Tierra?:

A - “Una profesora de escuela decidió obedecer su conciencia y tomó la iniciativa de hablar a los padres de los niños de su clase de los peligros y la ineficacia de las vacunas. Fue llevada ante el comité disciplinario, donde aprovechó la oportunidad para informar a las treinta y pico personas presentes de lo mismo, la información “no oficial”. Fue castigada con tres meses de suspensión sin cobrar. Un periodista publicó su historia y poco después la profesora recibió una llamada de una escuela alternativa que le ofreció un empleo muy interesante que ella aceptó.”

B - “… Otra profesora decidió, por convicción, no tener nada que ver con un programa de vacunación en su escuela. Explicó al director que su conciencia le prohibía ser cómplice de las vacunas. No pensaba llevar a los niños allí, y desde luego, no pensaba aguantarlos mientras los vacunasen. Habló al director de los peligros y la ineficacia de las vacunas. Sorprendido y curioso, y dada la determinación de la profesora, éste decidió proporcionar a los padres información sobre los dos lados de la cuestión de las vacunas, y les explicó que dependía de ellos si querían que sus hijos fuesen o no vacunados.”

C - “Un hijo no es una propiedad, sino un individuo soberano. Hasta que alcanza la edad suficiente sus padres actúan como guardianes y toman las decisiones. Pero las Naciones Unidas, el gobierno mundial, ha usurpado este derecho de los padres y lo ha trasladado a las autoridades cuando éstos se niegan a someterse. La ONU hace esto creando agencias de protección de menores, cuyo objetivo es doblegar a las ovejas negras (se refiere a los disidentes). Se ha arrebatado hijos a sus padres por causa del vegetarianismo o por rechazar las vacunas o los medicamentos.”

El Dr. Gerhard Buchwald estudió los casos mortales de epidemias de tifus, viruela y cólera en Hamburgo de 1821 a 1964 que era elevado hasta 1892. A partir de ese año comienza a disminuir hasta casi desaparecer aunque se ralentiza durante las dos guerras mundiales. ¿Qué pasó en 1892 para que comience el declive de estas tres enfermedades? ¿Fue por la vacunación en Hamburgo contra esas enfermedades? El Dr. Buchwald dice en su libro Vacunación. El negocio del miedo:

“Si en el año 1892 un investigador hubiese descubierto una vacuna contra la muerte de los lactantes, estaría hoy un monumento en la plaza del Ayuntamiento de Hamburgo. Pero no fue ningún descubrimiento de la medicina, sino que en 1893 empezó a potabilizarse el agua del río Elba, que abastecía la ciudad, con un filtraje en el que se usaba una técnica en la que el agua pasaba a través de unos filtros de arena, a partir de este momento el retroceso fue continuado en cólera, tifus y viruela.”

Luego para erradicar algunas enfermedades más ha hecho la higiene que las vacunas.

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